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Ángel Sody de Rivas
Sábado, 1 septiembre 2012
historia

125 aniversario del nacimiento de Zenobia Camprubí

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Esta mujer era poseedora de una inteligencia natural, de un gran sentido práctico, de una refinada educación y estaba dotada de una exquisita sensibilidad. Su obra literaria, hasta su casamiento con Juan Ramón Jiménez, se limitaba a modestos trabajos literarios y a la importantísima labor de traducción del inglés al castellano de algunas obras del poeta indio Rabindranath Tagore.

Con Malgrat asocio siempre
todos los sueños encantados de mi niñez…
                                      
El día 31 de agosto de este año se conmemora el 125 aniversario del nacimiento en Malgrat de Mar de Zenobia Camprubí Aymar, esposa del Premio Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez.

[Img #45541]Indudablemente la mayoría de los lectores conocen perfectamente quién fue Juan Ramón Jiménez, ese poeta andaluz universal nacido en Moguer, Premio Nobel de Literatura y autor, entre otras muchas obras, de Platero y yo. Pero ya no estoy tan seguro de que todos sepan que, parte importante de la obra de este ilustre e insigne poeta, se debió a la gran colaboración prestada por una persona que, desde el año 1916, unió su vida a él y, a cambio de renunciar voluntariamente al desarrollo de su carrera, se convirtió en su compañera, su colaboradora, su secretaria y su amiga. Por supuesto, me estoy refiriendo a Zenobia Camprubí Aymar, que para orgullo de los malgratenses vio la luz por primera vez en esa bella localidad costera del Alto Maresme. Podríamos decir que fue por puro azar, o tal vez, por una de esas 'travesuras' con que a veces nos obsequia el destino.
    
Esta mujer era poseedora de una inteligencia natural, de un gran sentido práctico, de una refinada educación y estaba dotada de una exquisita sensibilidad. Su obra literaria, hasta su casamiento con Juan Ramón Jiménez, se limitaba a modestos trabajos literarios y a la importantísima labor de traducción del inglés al castellano de algunas obras del poeta indio Rabindranath Tagore.
    
Juan Guerrero Ruiz, en su obra 'Juan Ramón de Viva Voz', nos ponía en boca del poeta de Moguer la siguiente descripción de la mujer que tanto iba a representar en su vida, cuando éste la conoció en aquel Madrid en 1913:

Ella -decía el poeta refiriéndose a Zenobia- es una muchacha que, claro, no diré que sea mejor que todas las demás, porque en el mundo hay muchas, muchísimas mujeres de valía, pero uno ha de hablar en relación con aquellas que conoce, y yo de cuantas he encontrado es la mejor (...) Es agradable, fina, alegre, de una inteligencia natural, clara, y que tiene "gracia"...

Coincidiendo con este 125 aniversario de su nacimiento, hemos querido traer a estas páginas una precisa descripción de la casa natal de Zenobia, en Malgrat, la que ella cita en todos sus textos como la 'Quinta'.

[Img #45547]La 'Quinta' de Zenobia
Han pasado muchos años. Sin embargo, todavía sobrevive hoy en la conciencia colectiva de los lugareños el recuerdo entrañable de aquella vieja casa de marcado estilo colonial que durante más de un siglo estuvo ubicada en el número 87 de la céntrica calle del Mar, esquina con la calle de San Pedro, de esa localidad catalana.

Aún nos parece estar viendo, a través de las adelfas que circundan la valla, la majestuosa figura del edificio con su aire señorial y misterioso, envuelto en ese aroma fresco y penetrante procedente de su viejo y frondoso jardín.

A esa finca no siempre se la conoció por su actual nombre de 'Can Campassol', este inapropiado topónimo es relativamente nuevo, deriva de su tercer propietario el abogado y notario Joan Campassol Calvell (1865-1939), que adquirió la propiedad a finales del siglo XIX al comprarla a los herederos de su primer propietario. Anteriormente se la identificaba como 'Ca l’Americano' o 'Can Sabina', en clara alusión a la persona que la mandó construir, el indiano Mariano Alsina Robert, y a su madre, Sabina Robert Moner.

Con la destrucción de la casa en el verano de 1977, a consecuencia de la política especulativa y la falta de sensibilidad de los propietarios de la finca, el pueblo de Malgrat perdió una parte importante de su patrimonio histórico. No es que esta finca tuviese un incalculable valor artístico o arquitectónico, pero en esa pequeña villa marinera los vestigios del pasado son escasos y su contribución representaba, además de su carga histórica, una interesante nuestra de la arquitectura de mediados del siglo XIX.

La 'Quinta', como así le gustaba llamarla Zenobia, era una lujosa mansión rectangular de 466 metros cuadrados, compuesta de semisótano, planta y azotea. En el semisótano estaba ubicada la cocina, el lavadero, la despensa y las dependencias del servicio, teniendo su acceso por una puerta situada en la parte trasera del edificio. La cocina contaba con un torno a modo de montacargas que servía para llevar la comida al comedor.


[Img #45548]Recuerdo que la quinta era una casa muy grande, casi un palacio a mi modo de ver, con habitaciones muy claras y techos muy altos que había un torno para subir la comida de la cocina que a mí me causaba grandísima ilusión.


La planta principal, a la que se accedía por una escalera de mármol compuesta de trece peldaños, adornada a ambos lados por sendas figuras de tierra cocida, apoyadas sobre los capiteles de dos pedestales, estaba rodeada por una amplia galería con el suelo de baldosines y coronada por arcos sujetos por columnas en su parte frontal y a ambos laterales. La distribución de las cámaras era la siguiente: a la entrada había un zaguán que daba paso, a izquierda y derecha, a dos salones utilizados como biblioteca y sala de estar. Al frente estaba la puerta de acceso al gran salón-comedor, que comunicaba con seis habitaciones, todas ellas con amplias puertas-ventanales al exterior. Tanto las paredes y techos de las habitaciones como el resto de las dependencias estaban elegantemente decoradas.


La amplia azotea circundaba una torre, simulando un minarete, con unas vidrieras de colores por donde los rayos del sol filtraban una luminosa claridad multicolor sobre el enorme salón-comedor situado bajo ella.
    
La casa, que daba la espalda a un pequeño huerto, estaba situada frente a un espléndido jardín y protegida por un enrejado de hierro sobre un muro a media altura. La finca disponía de dos puertas de acceso: una, la principal, por la calle del Mar, vía emblemática del pueblo. La otra, por una calle perpendicular a la anterior llamada de San Pedro.
    
El jardín se caracterizaba por un hermoso y exuberante conjunto de vegetación, destacando principalmente la corpulencia de sus árboles centenarios: palmeras, pinos, moreras, cedros, laureles, magnolias…, además de arbustos, rizomas y gran cantidad de especies menores, entre las que destacaremos los rosales y las adelfas, adosadas al interior del enrejado a modo de seto.
    
Este jardín, debido a su ubicación geográfica, gozaba de un excelente y privilegiado microclima, fundamentalmente debido a la aireación, por estar rodeado de construcciones de poca altura; el sol, bastante generoso en esta parte del litoral; la humedad, por su proximidad al mar y a la acción humectiva de los vientos templados de esta zona. Todo eso favorecía un suelo rico en humus, dando lugar a uno de los rincones más bellos de la villa.


…juzgo que debía tener ya mis tres años, y en cambio me encuentro siempre siguiendo las vereditas encantadas de mi jardín soñado. Me acuerdo que las vereditas estaban alfombradas de cascajo y que el jardín parecía un bosque de rosales. Internándose una por él, se llegaba a dos laguitos separados por un puentecito arqueado sobre el cual me solía yo parar para ver los pescaditos (sic) rojos y verdes que nadaban en el agua.


[Img #45546]Entre la casa y una glorieta situada en el extremo Nordeste de la finca, se encontraba un viejo molino de viento que se utilizaba para suministrar agua a la cascada y a los laguitos que se conservan todavía.


A comienzo de la década de los ochenta, del siglo XIX, el ingeniero de caminos don Raimundo Camprubí Escudero, que hacía poco tiempo que había regresado de Puerto Rico junto con su esposa doña Isabel Aymar Lucca y su hijo José, arrendó la finca de la calle del Mar para pasar las largas temporadas veraniegas, que se prolongarían desde el comienzo de la primavera hasta el final del otoño. Unos años después, en el verano de 1884, nacería allí Raimundo, el segundo hijo del matrimonio Camprubí-Aymar. Y tres años después, concretamente el día 31 de agosto de 1887, vería la luz por primera vez, en esa misma casa, Zenobia Camprubí Aymar.


La familia Camprubí habitó la finca de 'Can Campassol' hasta el otoño de 1891 en que, por cuestiones de trabajo de don Raimundo, decidieron instalarse definitivamente en Barcelona.


El cuarto y último verano de mi estancia en Malgrat empecé a dar lecciones de lectura con Granmamá. Granmamá era la mamá de mamá, que para estar cerca de nosotros alquilaba una casita muy mona, que a mí me gustaba mucho, cerca del mar. Las lecciones me enorgullecían mucho porque me daba cuenta de que llegaba al fin de la edad de la discreción. Aprendía a leer en inglés lo que también me daba gran satisfacción porque me parecía algo exclusivo de Granmamá y mío y de las personas de la familia con quien congeniaba más.


Su estancia en Malgrat representó para Zenobia una etapa importante e inolvidable en su vida, prueba de ello es que la esposa de Juan Ramón Jiménez, el ilustre Premio Nobel moguereño, dedicó el primer capítulo de un libro autobiográfico e inconcluso a su villa natal. De él hemos entresacado algunas frases, entre ellas ésta que es una auténtica declaración, entrañable, de su amor y recuerdo a su tierra:

Con Malgrat asocio siempre todos los sueños encantados de mi niñez. 

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2 Comentarios
marcelo
Fecha: Sábado, 1 septiembre 2012 a las 18:39
Es reconfortante leer artículos de un personaje histórico de la envergadura de Zanobia Camprubí. Pienso que el firmante lo borda. Es un estilo literario al que me asocio. Felicito a mi querido amigo Ángel Sody.
Ana Recio
Fecha: Sábado, 1 septiembre 2012 a las 17:25
Precioso y riguroso este artículo de Ángel Sody. Enhorabuena, amigo! Debía de crearse el "Zenobil" de plata, a imitación del perejil, o mejor aún, de oro, y que te lo dieran a ti, que méritos no te han faltado para reivindicar y dar a conocer el perfil de esta mujer tan singular como valiosa. Abrazos

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