Domingo, 12 agosto 2012

Esencia de celos

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JPGalán

Teatro Corsario presentó en Niebla todo un Calderón: 'El médico de su honra'. Si hace dos años, con ‘El galán fantasma’ pudimos disfrutar en el Castillo de la injustamente denostada comedia del maestro madrileño, en este curso hemos podido presenciar su vertiente más dura y trágica, de la mano de un montaje que ha sabido estar a la altura del texto original.

La obra está dirigida y adaptada por Jesús Peña, actor reputado de la compañía que tomó el relevo en su dirección artística tras la muerte de su fundador, Fernando Urdiales, si bien ya contaba en su trayectoria con diversas experiencias en la dirección.  Peña consigue un montaje de gran dinamismo donde los personajes se mueven con gran soltura y lejos del acartonamiento que, a veces, provoca el verso. Para ello cuenta con un grupo de actores muy bien armado y con una indudable capacidad para construir con lenguaje clásico.  A ellos [Img #44598]imprime una cercanía y naturalidad que resultan un conjunto armonioso y lleno de matices.

La revisión de los clásicos siempre nos permite apreciar hasta qué punto hemos podido o no, evolucionar como individuos y como sociedad : Don Gutierre, es un personaje ominoso y compulsivo, al que los celos hacia su mujer, la joven Mencía (quien resiste fiel los embates del gallardo Infante Don Enrique) hacen mutar su ánimo hacia un vaivén de paranoica impostura, que el actor Carlos Pinedo acierta a mostrar en su máximo recorrido, desde el amor más devoto a la manipulación patológica, hasta el final en que urde el asesinato de su esposa apelando a una “honra” que no demuestra, al contratar un médico sicario que le dé muerte simulando un accidente.

Acaso no haga Calderón sino criticar un orden que justifica cualquier atropello en nombre un honor hipócrita y perverso y que, constantemente, se nos presenta para minar el entendimiento y la libertad personales.

Al igual que hace con el poder político que, en lugar de promover la justicia hacia el pueblo, es ejercido de forma torpe y caprichosa, (no es casual la elección de Pedro el Cruel, monarca oscuro y contradictorio de nuestra Historia, para representar la Ley en este drama). Éste, imposible, resuelve una afrenta con otra mayor y obliga al descubierto asesino a casarse con Leonor,[Img #44597] a la que años atrás había abandonado excusándose con una supuesta infidelidad de ella.

Bien diseñada la coreografía y la gestualidad de los personajes, denotando un trabajo minucioso y de gran sensibilidad. La iluminación, precisa, recorta oportunamente la trama sobre el fondo de una escenografía, sin embargo, cuestionable, que produjo claros problemas de sonoridad (seguramente no se pensó para foros abiertos) y obligó a que las actrices forzaran sus voces para no ser ahogadas por una buena música original.
 
Los actores demostraron que ni el verso ni la profundidad de los personajes les arredran, logrando componer, en conjunto, un equilibrio de fuerzas que resulta lo más destacable de un elenco donde, a fuerza de ser injusto, me apetece destacar el delicioso bufón compuesto por Luis Miguel García.

Correspondida con profusos aplausos esta pieza que, con inteligente análisis y ejecución precisa, consigue invertir la natural evolución desde el estricto orden clásico al barroco del que proviene, para desnudar de formalidad la trama y llegar a lo esencial de las pasiones que la desencadenan.  

Por @jpgalan

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