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JPGalán
Domingo, 5 agosto 2012
Festival Teatro y Danza Niebla > Crónica 'Juicio a una zorra'

Veredicto: Culpables

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En efecto, en su Juicio a una Zorra, que anoche se presentó en el Festival de Niebla, la actriz Carmen Machi y el autor y director Miguel del Arco, resultaron culpables de sobrecoger y conmocionar a un público que acabó entregado y aplaudió con devoción, rebasadas todas sus expectativas. Así transcurrió el Proceso:

ANTECEDENTES (de primer orden):
Miguel del Arco, el gurú de Kamikaze Producciones, deja tras de sí una estela de éxitos tan reseñables como Veraneantes o La Función por Hacer, grandes triunfadoras de temporadas pasadas y el último año se presentó aquí mismo, en Niebla, con su Violación de Lucrecia (rotundo colofón para la edición 2011 del Festival, con una Nuria Espert desgarradora y espectacular).

Carmen Machi, con una amplia trayectoria sobre las tablas (5mujeres.com, La Tortuga de Darwin…) a pesar de la televisión (y lo digo conscientemente, por el menoscabo que este medio produce, a menudo, por simplificación, sobre el trabajo de tantos artistas), apuesta por un cambio radical de registro.

PRUEBAS MATERIALES [Img #44194](irrefutables):
Una escenografía perfecta de Eduardo Moreno, a partir de una mesa de orden gigante que aúna funciones diversas acordes a la trama que se va desarrollando: es la barra de un bar solitario donde Helena bebe sin cesar para ahogar su memoria, un altar donde la joven doncella fue sacrificada ante los dioses que la condenaron (empezando por su propio padre Zeus) a penar en una larga vida la tragedia de nacer mujer y bella, un lecho donde rememora su pasión por su único amor, Paris, y un estrado donde se alza para proclamar su inocencia y la injusticia y violencia con que fue tratada.

De Juanjo Llorens, una iluminación radical, llevada justo hasta el extremo. Sólo tres colores: un rojo intenso, de pasión, de sexo y de muerte; un negro de amargura y abatimiento; un blanco en luz cegadora, taladro de conciencias, dirigida hacia el público, de acusación y de rechazo hacia la común hipocresía.

ALEGATO (incontestable, no hay más preguntas Señoría):
El texto, que comienza de manera amable, nos va sumergiendo poco a poco en una ciénaga de tragedia y bajas pasiones, nos abre la mente y nos obliga, por más que la presencia de Machi predisponga al general público a la sonrisa recurrente, a reflexionar sobre el papel de la mujer en la Historia y en la frecuente indignidad del trato recibido (“pero… ¿quién escribe la Historia?” nos pregunta varias veces Helena), nos sacude la memoria de las hazañas no tan heroicas de hombres no tan grandes, nos coloca en una posición tan incómoda como incontestable respecto a la oscura realidad de las entrañas humanas.

[Img #44195]Carmen Machi, no se adocena sobre la vida ´cómoda´ que su popularidad del Club de la Comedia o Aida le conceden (comodidad sobreentendida ya que, sin duda, nadie le ha regalado su bien trabajado estatus). Deja a un lado la comedia rasa con sus estridentes ropajes outlet, se desnuda y se lanza a tumba abierta por el desfiladero del drama y se vuelca en su personaje de tal modo que no parece tal. Nos presenta una mujer con una vida tan falsamente glamurosa como truculenta y lamentable. Nos zambulle hasta las cejas en una gran fosa trágica, de sentimientos extremos, de resentimiento y de asco, de humillación y vergüenza, de traición y de impostura. Nos quita el aliento desgranando sobre las tablas esas emociones que marcan la existencia humana pero que, condensados en apenas una hora en un mismo lugar, resultan brutalmente insoportables: ira, impotencia, ambición, desolación, lascivia, envidia, soledad, seducción, desesperación… hasta un final que redondea un desarrollo perfecto y resulta de un patetismo demoledor.

SENTENCIA:
[Img #44196]Queda probado que Helena fue desposeída de su infancia, su juventud, su dignidad y, en definitiva, su vida. Los acusados son culpables de haber logrado devolverla al lugar que le corresponde y permitir descansar su espíritu.  Igualmente son culpables de haber elevado su proyecto al Olimpo de las emociones, a la esencia del puro teatro.

Disculpen que no me levantase de inmediato, respetuoso, al concluir la sesión. Tuve que recobrarme un momento.

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