Domingo, 22 julio 2012
Festival Teatro y Danza Niebla > El Buscón

¿Siglo XVII o Siglo XXI?

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JPGalán

Buena acogida de Niebla a esta versión libre y actualizada de El Buscón, de Francisco de Quevedo. La compañía Teatro Clásico de Sevilla reúne su dilatada experiencia para llevar a escena todo un clásico de la novela hispana, bajo la dirección de Alfonso Zurro.

Una atractiva escenografía (una suerte de almacén de atrezzo raído y desvencijado) y un vestuario muy acertado, ambos de Curt Allen Wilmer, dan cobertura a una sucesión de sainetes que, de manera muy dinámica (a ratos excesiva) van relatando las andanzas de Pablos, el protagonista de mil timos y fechorías.  

Pablo Gómez-Pando protagoniza, con habilidad notable, el relato y consigue desarrollar las distintas imposturas que el pícaro va adoptando para engañar a sus víctimas, en todas las [Img #42842]facetas posibles del delito. En este anhelado ascenso desde la baja cuna hasta la nobleza al que aspira su personaje a lo largo de su atribulada vida, se acompaña de distintos ejemplares de truhanes y primos, que son desarrollados con acompasado acierto por un reducido elenco de actores. Zurro consigue aglutinar, a través del buen hacer de su grupo sobre las tablas, un amplio despliegue de numerosos perfiles que forman parte de las raíces de nuestra sociedad (desde el cura avaro hasta el trilero, pasando por el verdugo, el soldado veterano o la cortesana).

La historia, no por más conocida, deja de resultar atractiva y vuelve a plantear el eterno tópico de que España es un país de embustes y picaresca. Se aprovecha aquí el tirón de la situación crítica en la que nos movemos y se intenta reforzar esta tesis. Durante toda la obra se hacen mordaces y acertados guiños que ponen el dedo en la llaga sobre la situación económica actual, los políticos, los bancos, la realeza y los medios de comunicación. Si bien, un tanto excesivo y oportunista resulta el final en el que el buscón Pablos alcanza, a su modo, el rango de ‘noble’ convirtiéndose en político y declamando vacuas promesas en un esperpéntico discurso (lo siento pero me quedo con El Gran Dictador de Chaplin).

La obra, sin ser rotunda, es fresca y ágil, el texto consigue enganchar con el público y ha llenado de carcajadas el Patio de los Guzmanes. Un divertimento bien pertrechado.

mar
Fecha: Martes, 24 julio 2012 a las 15:13
Pues a mí me encantó la obra!
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