Viernes, 20 julio 2012
psicosalud

La importancia de reconocer las propias necesidades

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Esperanza Gómez Harriero

Si tuviéramos que clasificar las necesidades humanas podríamos hacerlo de muchas maneras. De hecho, existen diversas clasificaciones según diferentes autores. Hoy vamos a quedarnos con la clasificación de Maslow, que las engloba estas necesidades en varios grupos diferenciados.

  • Necesidades básicas: son necesidades fisiológicas para mantener la homeostasis (el equilibrio) en la salud del organismo; por ejemplo, respirar, beber agua, alimentarse, dormir, tener relaciones sexuales, etc.
  • Necesidades de seguridad y protección: necesidades de sentirse seguro y protegido; por ejemplo, la seguridad física y de salud, seguridad de empleo y recursos, seguridad moral, familiar, etc.
  • Necesidades de afiliación y afecto: relacionadas con el desarrollo afectivo de las personas, se refiere a las relaciones sociales, amistades, compañerismo, afecto, amor; son las necesidades de asociación, participación y aceptación.
  • Necesidades de estima: el respeto a uno mismo (confianza, competencia, maestría, logros, independencia y libertad), la necesidad de atención por parte de los demás, de aprecio, de reconocimiento, de estatus, fama…
  • Necesidad de autorrealización: es la necesidad psicológica más elevada, a través de la cual se encuentra un sentido válido a la vida; es la necesidad última en la pirámide de las necesidades de Maslow. 
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En referencia a esta última necesidad, Maslow consideró que las personas autorrealizadas son aquellas que están centradas en la realidad, que enfrentan los problemas, personas con necesidad de privacidad, independientes de la cultura y el entorno dominante basándose más en sus experiencias y juicios propios, resistentes a la enculturación, no susceptibles a la presión social, inconformistas, con sentido del humor no hostil, con buena aceptación de sí mismas y de los demás, creativas y orginales, con tendencia a vivir con más intensidad que el resto de la humanidad.

Parece que es un estado ideal, ¿no es cierto? Entonces… ¿por qué no todas las personas llegamos a encontrarnos autorrealizadas?

Para satisfacer nuestras necesidades, y según la Psicología Gestalt, las personas seguimos un ciclo llamado de autorregulación que se recorre en siete etapas:

  1. Sensación: experimentamos un déficit en el organismo, por ejemplo, sequedad de boca.
  2. Toma de conciencia: ponemos nombre a esa necesidad; “tengo sed”.
  3. Energetización: nos preparamos para la acción, como decidir qué es lo que quiero y dónde voy a conseguirlo.
  4. Acción: nos dirigimos al objeto que satisface la necesidad (el agua).
  5. Contacto: el encuentro, la unión, es decir, beber el vaso de agua.
  6. Consumación: supone conducir el proceso hasta su plena realización, sin quedarnos a medias.
  7. Retirada: la plena satisfacción de la necesidad lleva a un periodo de repliegue hacia nosotros mismos hasta que surge una nueva necesidad.
 

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Estas siete etapas pueden aplicarse a cualquier tipo de necesidad, como por ejemplo, la necesidad de sentir el afecto de otra persona, o lo que es lo mismo, la necesidad de un abrazo. Ahora bien, no siempre llegamos a satisfacer nuestras necesidades, y esto lo sabemos bien. ¿Por qué ocurre esto? Podemos interrumpir este ciclo de manera consciente o, la mayoría de las veces, inconscientemente por muchos factores. Por ejemplo, las normas sociales o familiares que interfieren, ¿o no hemos ido alguna vez a un cumpleaños, incluso a un velatorio, sin que nos apetezca y hemos dejado de hacer lo que realmente queríamos?

Nuestras necesidades se ven, muy a menudo, interferidas por mensajes inconscientes que hemos aprendido en la familia y en la sociedad en general. Otro ejemplo serían los roles de género y los mensajes que van unidos: la mujer debe ser sumisa y complaciente, el hombre debe ser fuerte y estar siempre al pie del cañón.

Otras veces ni siquiera somos conscientes de que tenemos una necesidad porque, sencillamente, hemos aprendido a reprimirla sin darnos cuenta.

Así que te propongo un pequeño ejercicio de reflexión. Durante un día cualquier, proponte hacer quince paradas para anotar en un papel qué necesidad es la que tienes en cada momento. ¿Hambre? ¿Sexo? ¿Ver la tele? ¿Tumbarte en el sofá? ¿Hablar con un amigo? Y una vez que las hayas localizado, respóndete: ¿estoy satisfaciendo mi necesidad? Si la respuesta es negativa, es el momento de averiguar qué hay detrás. Porque la mayoría de enfermedades y trastornos, y la insatisfacción personal,  vienen dadas por una falta de satisfacción de necesidades, ¡hasta eso llega la importancia de este asunto! Está en tu mano poder satisfacer tus necesidades, todo se puede aprender.

¡Pasad una feliz semana de necesidades satisfechas!


psicosalud@huelva24.com
Esperanza Gómez Harriero
@PsicologaHuelva
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