Martes, 17 julio 2012

La familia Sierra aún está de fiesta

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Manolo Salazar

Posiblemente cuando lean este articulo a través de Internet haya aún algo de fiesta en casa de los Sierra en la vecina localidad de Moguer o en su defecto en la playa de Mazagón, por donde habitualmente se les suele ver pasear cuando llega el tiempo del descanso veraniego.

Y es que no hace mucho esta familia de deportistas se preparaban para hacer acopio de viandas y otras historias para seguir in situ los que podían ser los Juegos Olímpicos más felices para esta saga de deportistas.

Con cierta resignación y tristeza encajaron el golpe recibido al no entrar José Manuel Sierra en la lista de seleccionados confeccionada por el tozudo Valero Rivera, que nunca creyó en él y que le demostró al mejor portero nacional del momento que mientras no estén rodeados de esos cipreses a los que aludía Juan Ramón Jiménez en sus obras literarias -poeta de la tierra del afectado- los porteros iban a seguir siendo el Gran JJ Hombrados y un portero magnifico con cara de juerguista y que se llama Sterbik, y a cruzar los dedos para que no se lesione.
 
Pero el destino es muy justo y ha querido que el bueno de Sierra, que en el último europeo estuvo por debajo del danés Landin pero por encima del gran Omeyer, se busque un retiro dorado en tierras francesas. Será en una liga que este año, y desafiando a eso que llaman crisis, está trayendo grandes figuras a golpe de talonario, retando a la Toyota handball Bundesliga y desplumando por completo a la ASOBAL española.
 
A Sierra le espera un equipazo que quiere jugar Champions sí o sí en ese palacio OmnySport de París, donde defenderá la portería del conjunto de la capital de Francia, en el que compartirá equipo con otros ilustres repatriados como el mago Abalo, el duro Didier Dinart o Honrubia. Desde aquí desearle toda la suerte del mundo al Quillo de Moguer, que ha tomado la decisión de marcharse de un club que se desquebraja con una deuda de un millón de euros y que este año no jugaba la Champions.

Espero que a partir de ahora los franceses nos hagan un monumento con la marcha del gran portero y no le saquen en los guiñoles, aunque puestos a inventar haría un guiñol de José Manuel quitándole la jeringuilla de la que hablan tanto y sustituyéndola por una buena docena de dulces de Moguer, como los que se zampa mi amigo Mario, y un buen litro de vino bueno a ser posible de la bodega Juan Venegas, que es donde se prepara Sierra el viejo cada vez que tiene que ir a ver al balonmano moguereño.
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