Domingo, 15 julio 2012
Noches del Foro

La vigencia de Rubén Blades

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Varón

A pesar del poco público, un cálido Foro Iberoamericano recibió al cantante panameño. Blades ofreció una noche llena de salsa en la que se acompañó de la potente Orquesta Roberto Delgado, haciendo disfrutar a un público dispuesto y entregado con el cantante.

Hoy, que hace tiempo que ‘El Barrio’, el East Harlem de Nueva York, no es lo que era, que muchas de las estrellas de Fania Records ya no frecuentan otro barrio diferente que ‘el otro barrio’, que El Cantante sigue cantando su son, aunque muy lejos de cualquier lugar, Rubén Blades aún tiene cuerda para rato.

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Un tipo que es toda una enciclopedia musical y que participó activamente en el momento fundacional de lo que hoy conocemos como ‘salsa’ podría vivir de su propia leyenda. Sin embargo, Blades se arma de canciones y aparece en un sobrio escenario montado en la apisonadora que es la orquesta que lo acompaña. Empezó marcando el rumbo con ‘La rosa de los vientos’, desde entonces no hubo lugar para el respiro. Blades y los suyos atacan los temas uno tras otros. Empiezan una canción, improvisan y vuelven a ella cuando les apetece, como si no hubiera pasado nada. 

La salsa, esa música altamente rítmica, lo demuestra la presencia de cuatro percusionistas en escena, es capaz de mantenerte en vilo, enseñarte, divertirte, agarrarte, darte una paliza, apuñalarte y hasta de dispararte. Todo eso pasó anoche en el foro. Siempre envuelto en sonidos alegres, la música de Blades te remite a la realidad de un pueblo oprimido, de problemas diarios de hoy y de ayer, te remite a un mundo lleno de supervivientes, desaparecidos, asesinados y asesinos, una música gestada desde el desarraigo y la supervivencia de los inmigrantes latinos en la Nueva York de los años sesenta. Ese poso sigue estando ahí, sabor agridulce, música festiva y letra casi fúnebre, mensajes de esperanza, una manera de encarar la vida para intentar un mundo mejor.

Blades, a pesar de que su música sea llamada por algunos “salsa intelectual”, está enraizado en el pueblo, en el barrio, en el mundo pasado y presente. Así, canciones como ‘Decisiones’, ‘El padre Antonio y el monaguillo Andrés’ o ‘Maestra vida’ son parte de la crónica del día a día, suenan redondas a pesar de los años, suenan vivas y vividas. Con razón el panameño rechaza esa etiqueta "intelectual", diciendo que la salsa es cultura, cultura del pueblo.

La noche de ayer no hubiera sido posible sin los 12 músicos que estuvieron presentes en el escenario acompañando a Blades. Dirigidos por el propio Roberto Delgado, que desde su sólido bajo no dejó ni un momento de liderar una orquesta que cuenta con un pianista de época como es Juan Berna. Además, una potente sección rítmica y una increíble sección de viento, donde destacó el trompetista Wichy López, que se pasó la noche sacando brillo de su instrumento. 

Lamentó el panameño que canciones escritas hace más de 30 años sigan teniendo vigencia en este mundo, como el caso del desencantado ‘Carlos Pueblo’, canción de 1979. Pero cosas como esta mantienen también vivo al propio Rubén Blades que, sin dejar de buscar, es capaz de retomar sus viejos temas y demostrar que su crónica del pasado es también la del presente. 

Dejándose seducir a veces por el jazz o a veces por el cine, el ‘Pedro Navaja’ de Blades sigue teniendo la navaja afilada y esa es la vigencia de Rubén Blades, saber que sigue habiendo una historia en algún lugar que se puede contar. Aunque nos hayamos dado cuenta de que casi todo ocurrió hace mucho tiempo. Rubén Blades ya lo sabía y por eso “su diente de oro sigue brillando”.
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