Sábado, 14 julio 2012
Huelva... A través de una rotativa

Juan Ramón Jiménez, editor de revistas literarias (II)

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Mari Paz Díaz

Este artículo es la segunda parte del ya publicado días atrás y que profundiza en la faceta de editor de revistas literarias, una vertiente menos conocida de poeta moguereño universal, pero que como toda su vida y obra está repleta de aspectos interesantes que a continuación se exponen tras un cuidad trabajo.

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El Nobel había puesto mucha ilusión en la puesta en marcha de Índice  que esperaba que se convirtiera en mensual, de ahí que los cuatro números aparecieran con todo lujo de detalles. Pero, a pesar de su corta existencia, la revista también incluyó una Biblioteca de Índice, cuyos números tuvieron una enorme aceptación7
 
El funcionamiento de Índice es explicado en otra misiva que el poeta envía a París al escritor Corpus Barga, donde le cuenta que para ser redactor era necesario: “un trabajo mensual; una cuota mensual de 25 pesetas –hasta que la revista se pague sola, que será pronto-; y un grupo de suscriptores”8. Sí cobrarán, sin embargo, los colaboradores, como le dice a Ortega y Gasset: “¿Podremos contar con la colaboración para Índice? Por el momento la revista pagará cuanto pueda –y sólo- a sus escasos colaboradores: dos -o tres- en cada número, además de los redactores”9

Es decir, el magazine “no se trata de revista o publicación de grupo, o solidaria. Está abierta, pero la revista en sí misma no se define, ni postula un determinado credo estético. Juan Ramón llega a algún extremo curioso: hace a cada autor responsable no sólo de sus opiniones, sino también de sus palabras y ortografía, y de sus erratas”10.

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Sobre las características de Índice, Molina asegura que “se declaraba como publicación ajena a cualquier grupo, intergeneracional y abierta a todas las tendencias. También subraya su carácter hispanoamericano. La aparente diversidad tenía como lema común <<la exaltación del espíritu y la inteligencia, y por el gusto de las cosas bellas>>. En este sentido Índice hacía fe de <<selectivamente ecléctica>>”11

Para conseguir sus objetivos, por sus páginas pasaron autores como Antonio Espina, Pedro Salinas, Lorca, Azorín, Ortega, Ramón Pérez de la Ayala, Manuel Machado, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Gabriel García Maroto, el mexicano José Juan Tablada y el propio Juan Ramón. Entre los autores clásicos incluidos se encuentra Góngora. Y también se emitió una colección de libros, como Presagios de Salinas.

La edición de esta cabecera se hacía desde los talleres de Gabriel García Maroto, lo que permitió la introducción de ciertas innovaciones en la maquetación, como fue la publicación de suplementos con dibujos a color. 



Sí (1925) 
 

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Sí, ‘Boletín Bello Español del andaluz universal’, fue otra de las revistas con las que Juan Ramón consiguió dominar el panorama nacional literario. Lo cierto es que de este título tan sólo salió un número, pero es una auténtica joya, por cuanto en este boletín los poemas de Pedro Salinas, Rafael Alberti o Dámaso Alonso eran acompañados por ilustraciones de Benjamín Valencia y Francisco Bores. 

Sí se conserva en la Biblioteca Nacional o en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Extremadura. 




Ley (1927) 

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Ley, ‘Entregas de Capricho’12 también tuvo un solo número y fue una de las últimas aventuras del Nobel de Literatura como editor, aunque de que muchos de sus escritos difundidos en este título aparecen luego publicados bajo el título de Cuadernos, donde se incluyen poemas, cartas y otros recuerdos realizados en la década entre 1925 y 1935, como fue Obra en marcha (1928) o Presente (1933).

Las revistas Sí y Ley se completaron con la edición macsímil de Madrid, que lanza la editorial Renacimiento con la colaboración de las Diputaciones de Huelva y Sevilla. 

A estas tres publicaciones le siguieron otros proyectos que sólo se quedaron en intentos fallidos, como sucedió con Anonimato (1927), Lírica española o Poesía española (1930) y Trabajo poético español o Actividad poética (1931). La razón de estos supuestos fracasos se debió a que en esos años la edición de una revista literaria era un negocio ruinoso que no todos los empresarios se atrevían a realizar13. Pero, el empeño de Juan Ramón tuvo sus frutos en otros títulos: 


Sucesión (1932) 

Se trata de la última aventura juanramoniana en España. Según Alfredo Valverde, Sucesión es un título que se conserva en la rica biblioteca de León Sánchez Cuesta, librero de la generación del 27, que cuenta con un fondo de hasta 125 títulos publicados entre los años 20 y 7014
 

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Eran los años treinta, cuando Juan Ramón ya ha iniciado una línea poética que de lo intelectual evolucionaba a lo teológico. El poeta logra un universo del que él será Dios o creador de Dios. Desde La estación total -escrito desde 1923 a 1936- a Dios deseado y deseante (1949) asiste a su divinización, en una línea próxima a Unamuno. 


Universidad (1954)

El exilio de España obliga al poeta y a su esposa Zenobia a marcharse a Estados Unidos, realizando frecuentes viajes a Hispanoamérica, hasta que en 1950 se instalan en Puerto Rico, donde terminaron sus vidas. En estos últimos años, Juan Ramón se implica en otro proyecto periodístico, tal y como le explica a Francisco Ayala en una carta fechada en 1954 desde Hato Rey. 

En estas líneas, el moguereño anuncia su implicación en la revista Universidad, que se publicaba en esta institución académica de Puerto Rico. El Nobel le pide su colaboración a Ayala: 

Usted sabe que el rector me ha permitido aumentar de nuevo a cuatro las hojas literarias de Universidad. En realidad, se han dedicado cuatro a literatura en los últimos números, pero ¡de qué manera! Desde este número irán en esas páginas trabajos en verso y prosa de escritores puertorriqueños, con preferencia de los profesores de la Universidad. Desde ayer he empezado a ocuparme en serio de esta colaboración15

Fue la última aventura de Juan Ramón como editor de revistas literarias antes de su fallecimiento.


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En fin, como hemos visto, durante toda su vida el moguereño mantuvo una íntima y estrecha relación con las publicaciones periódicas. Fue un binomio que aún hoy perdura y que continuará haciéndolo, ya que las creaciones de los genios no tienen fecha de caducidad.  



10Aguilera, C.: “El segundo frente. Revistas (literarias y estéticas)” en Timoteo Álvarez, J. (y otros): Historia de los medios de comunicación en España. Periodismo, imagen y publicidad (1900 – 1990). Ariel Comunicación. Barcelona, 1989, p. 118. 
11 Molina, C.A.: Medio siglo de prensa literaria española (1900 – 1950). Textos Universitarios. Ediciones Enaymion. Madrid, 1990., pp. 100-101.
12 Según explica el propio Juan Ramón Jiménez, la elección de este título se debe a que era “ley a algo, a la poesía por ejemplo”, en Aguilera, C.: op. cit., p. 119. 
13 Campoamor, A.: op. cit, p. 82. 
14 Valverde, A.: “El archivo y la biblioteca de León Sánchez Cuesta”. En internet: www.residencia.csic.es/bol/num5/cuests.htm.
15 Garfias, F. (ed.): Juan Ramón Jiménez. Cartas. Antología..., p. 354. 



inma
Fecha: Sábado, 14 julio 2012 a las 19:43
Precioso artículo.
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