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Esperanza Gómez Harriero
Viernes, 6 julio 2012
psicosalud

La técnica de la mecedora

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¿Qué quieres ser en la vida? ¿Cuál es tu ilusión? ¿Cuál es tu gran sueño? ¿Hacia dónde te diriges? ¿Qué quieres conseguir? Si te resulta fácil responder a estas preguntas, es probable que te levantes por las mañanas con ganas de hacer todo lo necesario hasta alcanzar tus objetivos. Si no has sabido responder a ninguna, quizás te encuentres perdido, desorientada, desmotivado, incluso deprimida.

Podemos leer en muchos libros algo parecido a que “la vida no es llegar a ninguna meta, sino que la meta es el propio camino”. Y es cierto que aunque el único propósito de la vida es VIVIRLA esto no entra en contradicción con soñar lo que queremos lograr, con marcarnos proyectos vitales que nos ayuden a mantener la ilusión y a ser felices cada día.
Por supuesto, esto es algo que podemos aplicarnos todas las personas de todas las edades; sin embargo, hay un colectivo sobre el que podemos hacer especial hincapié, como son los adolescentes de nuestra sociedad.

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Desde que ha finalizado el curso escolar he empezado a ver en la consulta a chicos y chicas de entre 12 y 20 años con una absoluta falta de motivación en sus estudios y en sus vidas en general. No saben qué quieren (algo que, por otra parte, entra dentro de lo esperable para su edad) y tampoco tienen ilusión por descubrirlo.

Es fácil buscar culpables para la situación que viven los más jóvenes, pero no es algo que nos ayude a solucionar el problema. Los niños y niñas aprenden de los que somos mayores, de lo que nos ven hacer, de nuestra forma de vida; y si nosotros no somos modelos de personas con sueños, de personas con ganas de levantarnos de la cama para conseguir todo aquello que nos proponemos, tampoco ellos lo serán.

Esto no quiere decir que debamos culpabilizarnos, sería absurdo; lo más sano sería darnos cuenta de la manera en que nosotros estamos viviendo para modificar, si queremos, aquellas actitudes que nos dificultan la consecución de nuestros objetivos y ser, así, ejemplo de superación personal, de alegría y de motivación.

El libro 'Los diez secretos de la abundante felicidad', de Adam J. Jackson, nos habla de algo llamado ‘la técnica de la mecedora’. Consiste en imaginar que hemos llegado al final de nuestra vida y estamos sentados en una mecedora pensando en cómo hemos vivido, en los logros conseguidos.
 
Venga, te invito a que lo experimentes. En tu imaginación, o incluso en la realidad, siéntate en tu mecedora y pregúntate: ¿Qué quieres recordar al final de tu vida? ¿Qué lugares te gustaría haber visitado? ¿Qué cosas te gustaría haber hecho? ¿Qué relaciones te gustaría haber tenido? Y, lo más importante, ¿qué tipo de persona te gustaría haber llegado a ser?

Esta técnica nos ayudará a crear metas a largo plazo, aunque también puede hacerse lo mismo con las metas a corto plazo. Qué queremos conseguir al final de nuestra vida, dentro de veinte años, dentro de cinco años, dentro de seis meses, dentro de una semana, mañana o en el día de hoy. Puedes escribirlas y leerlas al despertarte por las mañanas, así tendrás algo positivo en lo que pensar y empezar con entusiasmo.

Y una última pregunta para despedirme. Respóndete: si te quedara sólo un año de vida… ¿qué harías?


psicosalud@huelva24.com
Esperanza Gómez Harriero
@PsicologaHuelva
https://www.facebook.com/HarrieroPsicoterapias

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2 Comentarios
Aquí y Ahora
Fecha: Domingo, 8 julio 2012 a las 13:19
SI me quedara sólo un año me dedicaría a viajar con mis amigos, a confesar que 'Me gusta' mucho más allá de los comentarios de Facebook o simplemente a disfrutar de cada minuto: ir a la playa, leer, caminar, ir al cine, hacer el amor, salir, bailar, cantar...
Marta
Fecha: Domingo, 8 julio 2012 a las 13:18
Q bonita es la práctica pero cuanto cuesta llevarla a la realidad!!!

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