Viernes, 22 junio 2012
psicosalud

La playa: bienestar al alcance de todos

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Esperanza Gómez Harriero

La semana pasada veíamos la relación entre nuestra forma de caminar y nuestro bienestar psicológico. Hoy quiero situar esta actividad en un contexto muy beneficioso para nuestra salud emocional y que está al alcance de todos: la playa.

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Ahora que llegó el verano tenemos más tiempo y, por qué no decirlo, más ganas de ir a tomar el sol y darnos un chapuzón en las aguas del mar, o del océano en nuestro caso. Y aunque es algo que nos trae consecuencias positivas durante todo el año, sí es cierto que es en esta época cuando más nos dejamos ver por nuestras playas.

En primer lugar, y empezando por el agua, las olas provocan un masaje natural que alivian las dolencias de las articulaciones, los ligamentos y los tendones, relajando la musculatura, previniendo y ayudando a eliminar las contracturas. Por consiguiente, e inevitablemente, esta relajación corporal va a incidir directamente en una relajación mental (y aprovecho para recordar que, realmente, no existe una diferenciación real entre mente y cuerpo, sino que son una misma cosa).

Si hablamos de la arena, ésta también es útil para eliminar contracturas, desinflamar los músculos y las articulaciones debido al calor seco que desprende. Además de esto, caminar descalzo por la arena, ya sea seca o mojada, resulta beneficioso para la circulación y es un excelente ejercicio físico para las piernas ya que la superficie de los pies se esfuerzan de manera armónica y relajante.
 
No podemos olvidarnos del sol y el aporte energético que da a nuestro organismo, siempre que nos expongamos a él de una manera prudente y protegiéndonos de sus efectos dañinos. Esta energetización influye en cada célula de nuestro cuerpo, revitalizando y activando sus funciones, y actuando así inseparablemente en nuestras funciones mentales como la atención, la concentración, la percepción, la actitud, etc.

Pero no sólo hay consecuencias directas positivas sobre las funciones fisiológicas y orgánicas; también la playa tiene otras ventajas como la diversión y la desconexión. Tanto el agua como la arena pueden ser escenarios de diversos juegos recreativos, con los 

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beneficios que ello conlleva: el desarrollo de la creatividad, el aporte de alegría y energía, la disminución de la ansiedad, entre muchos otros. Y nos sirve como vía de escape de la rutina, del estrés cotidiano, del trabajo, de la monotonía, devolviéndonos la paz interior y haciéndonos olvidar las preocupaciones durante unas horas; todo esto nos libera de toxinas y malestar emocional.
 
Está comprobado que la playa, gracias a toda la información anteriormente comentada, ayuda en casos de depresión, angustia, insomnio, hiperactividad, y una larga lista de problemas psicológicos. Además, nos pone en contacto con la Naturaleza, lo que nos hace conectar con nuestra esencia, con nuestra respiración, oxigenándonos y potenciando todas nuestras capacidades.
 
Y por último, sin dejar de lado la estética, ir a la playa hace que nos pongamos morenos o, al menos, ganemos algo de color en las mejillas. Así, nuestro cerebro nos percibe más guapos y guapas, lo que nos lleva a gustarnos más y a actuar en consecuencia: cuidamos más nuestra imagen, nos relacionamos con los demás de una manera más positiva y segura, ganamos confianza en nosotros mismos, nos encontramos más optimistas y, por tanto, con muchas más probabilidades de conseguir lo que nos propongamos.

Así que este verano no nos olvidemos de visitar la playa siempre que podamos. Os deseo que tengáis el verano más feliz de vuestra vida… ¡y que sólo sea el primero!


psicosalud@huelva24.com
Esperanza Gómez Harriero
@PsicologaHuelva
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