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JPGalán
Miércoles, 20 junio 2012

Cutres

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Una vez, alguien dijo algo que yo suscribo totalmente: lo más lamentable es que, cuando alguien robe, no lo haga ni por lo mucho que hace falta para hacerse rico ni por lo poco lo que necesita para comer.

Efectivamente, no se trata de hacer una apología del robo, todos los robos son reprobables. Si bien, todos experimentamos cierta comprensión ‘moral’ por aquél que tiene que tomar lo que no es suyo para sobrevivir (¡a saber las circunstancias que lo han llevado a ello y hasta dónde llegaríamos nosotros de vernos obligados a manejarlas!...).

De forma análoga, aunque sea por pura envidia, todos señalamos a los que, con sofisticados ardides, consiguen ‘hacer saltar la banca’ y ‘se lo llevan calentito’ dejando atrás una vida mediocre, y pasando a formar parte de esa élite en la que sólo se mueven unos pocos.
Entonces, cuando nos damos cuenta, ponemos sobre él los focos y tratamos de despellejarlo (y con razón, que nadie diga lo contrario). Más adelante, cuando el calor del apaleamiento se disipa, los mecanismos de la hipocresía social y la propia naturaleza decadente de la memoria, suelen conseguir un cierto grado de aceptación que, en algunos casos, llegan hasta el reconocimiento y no es extraño ver a alguno de estos ‘pollos’ dando conferencias, escribiendo libros o pontificando en algún casposo programa de TV (no me hagan dar ejemplos...).

Puede parecer paradójico pero, creo que, si miramos a nuestro interior dejando a un lado los prejuicios, podemos llegar hasta a comprenderlo. Lo realmente paradójico es que haya sujetos que se ‘pringuen’ por baratijas, por un lugar en la comparsa, por llenar el buche un día…

Estos últimos tiempos tenemos que desayunarnos con las historias de Carlos Dívar (presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ), este “excelentísimo señor” que, parece ser, que disfrutaba de viajes y comidas a troche y moche, a costa de dietas infladas torpemente. Parece ser que mañana, por fin, va a dimitir (yo todavía no lo creo) y no entiendo por qué no ha sido ya cesado, cuando tiene el rechazo público y privado de todas las instituciones, por no hablar de los que estamos haciendo encaje de bolillos para llegar a fin de mes... La cabeza principal de la Justicia en España sería no sólo un farsante sino, además, un cutre.

Y lo verdaderamente paradójico es que todos conocemos, en nuestro ámbito cercano, a muchos de estos cutres: vulgares ‘chorizos’ que disfrutan de los beneficios que le otorgan su cargo y su representatividad, lampando por un plato de jamón, por una foto, una dieta…
Conocemos a estos individuos, ansiosos de asomar su pulgar y decidir sobre la vida de los demás (siempre hacia abajo, claro, que nadie los cuestione…). Gente gris y acomplejada, que valora a las personas por ese criterio, más bien mafioso, en función de su influencia y capacidad de hacerle favores. Estos reyezuelos sátrapas, estos señoritos cortijeros, no pierden su tiempo conociendo a personas que pueden aportarle valores, sólo a las que pueden darle poder.

Eso sí, poder a migajas, cualquier cosa de enjundia les atraganta.

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