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Esperanza Gómez Harriero
Viernes, 15 junio 2012
psicosalud

Dime cómo caminas y te diré cómo te sientes

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Nuestra postura es un claro indicativo de nuestro estado de ánimo, de nuestra presencia en el mundo. Una manera de conocer qué situación emocional vive una persona es observar su forma de andar. Del mismo modo, si podemos modificar esto, también podremos intervenir en la actitud y el estado anímico.

Hay varios aspectos del caminar en los que poner la atención, aunque aquí sólo vamos a hacer mención a tres de ellos: pies, espalda y cabeza. Comenzaremos por los pies.
Una pisada como la que podemos observar en la imagen suele corresponder a personas inseguras, tímidas, que pasan por el mundo “de puntillas”, sin echar raíces. También suele corresponderse con dificultades para concretar proyectos y sostenerse por sí mismas.


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Hay personas que caminan con pasos exagerados. Muchas veces esta aparente actitud de “voy a comerme el mundo” intenta ocultar alguna carencia o inseguridad. No podemos generalizar a todas las situaciones, eso está claro, pero sí en gran cantidad de ocasiones acertamos al afirmar ese refrán que dice “dime de qué presumes…”.
 

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Otro tipo de pisada muy común es la que vemos más abajo. Suelen mostrar debilidad, ritmo lento, a veces miedo y desconfianza en el mundo.
 

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Y en las pisadas que arrastran los pies, como vemos en el ejemplo, se deja interpretar cierta desidia, desgana, apatía, quizás conformismo y/o despreocupación. Puede revelar también necesidad de apoyo y de seguridad.

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Sin embargo, una pisada segura y firme como la indicada a continuación nos hace pensar que la persona es madura y equilibrada, o al menos que su actitud en esos momentos lo es. Por tanto, si queremos que nuestra manera de estar se acerque cada vez más a este rasgo de armonía y seguridad, está en nuestra mano (en este caso en nuestros pies) comenzar a caminar apoyando toda la planta en el suelo, desde el talón hasta la punta de los dedos, sintiendo cómo dejamos nuestra huella.
 

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Otro aspecto a tener en cuenta es la posición de la espalda y el tronco en general. Una columna vertebral erguida, alineada, es signo de equilibrio y armonía. Por el contrario, si caminamos encorvados denotamos una actitud negativa, de pasividad, de inseguridad. Y si lo primero que proyectamos hacia adelante es el pecho, denotamos una excesiva energía, un “tirar hacia adelante” que, según el caso, puede implicar la no aceptación de nuestras debilidades.


Hay estudios que han profundizado en la postura de la espalda, en cómo ésta influye en las autoevaluaciones y la confianza en sí mismos de un grupo de estudiantes universitarios. Las conclusiones obtenidas fueron que tener pensamientos negativos con una mala postura (columna vertebral no alineada) refuerza esa creencia y conlleva una evaluación peor de uno mismo. Por el contrario, tener pensamientos negativos cuando se mantiene una postura sana y correcta (columna vertebral alineada), implica en la mayoría de los casos una evaluación general positiva al reducirse la validez de las creencias negativas.


Asimismo, y para nombrar otro aspecto de la postura corporal que influye en nuestra actitud, caminar con la cabeza gacha dificulta la comunicación con uno mismo y con los demás, impidiendo la claridad de ideas y, por consiguiente, los pensamientos positivos que nos ayudan a mantener una posición positiva frente al mundo. No pretendemos tampoco llevar la cabeza tan excesivamente alta que no podamos ver dónde pisamos, dándonos sensación de irrealidad; más bien lo ideal es verticalizar el cuello con el resto de la columna vertebral, proporcionándonos así firmeza y presencia en la vida.


Por tanto, una técnica cada vez más utilizada para transformar nuestra manera de afrontar el mundo con el fin de ser  más felices y mejorar nuestro bienestar, consiste en poner toda nuestra atención en los diferentes elementos de nuestra postura corporal de tal manera que observemos aquellos aspectos que nos puedan estar perjudicando para comenzar a transformarlos desde hoy.


Algunos ejercicios que podemos realizar para corregir nuestra postura, además del Yoga, o el Qi Gong (entre muchos otros), son el Nordic Walking (www.anahata.info), el baile (ballet, salsa, tango…), o sencillamente entrenar a nuestro cuerpo diariamente esforzándonos en mantener una postura adecuada:


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¡Ánimo, el camino se hace andando!


psicosalud@huelva24.com
Esperanza Gómez Harriero
@PsicologaHuelva
https://www.facebook.com/HarrieroPsicoterapias



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