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Miguel Burguillos Peña
Sábado, 7 mayo 2011 | Leída 268 veces
HISTORIA

La 'Operación Mincemeat' en Huelva

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La historiografía actual, al referirse a la fatídica II Guerra Mundial (1939-1945), suele mencionar grandes operaciones militares que, por su importancia en hombres y medios empleados, decantaron el signo de las batallas hacia el bando Aliado o del Eje. Tal es el caso, sólo por citar algunos ejemplos, de la “Operación Overlord”, consistente en el desembarco Aliado en Normandía en 1944, la denominada “León Marino”, que preveía la conquista de Gran Bretaña por Alemania en 1940, o bien, la ambiciosa y arriesgada “Barbarroja”, que movilizaría un gran número de divisiones alemanas en pos de la conquista de la Unión Soviética en el año 1941.

Sin embargo, a lo largo de todos los años que duraría la contienda mundial, se produjeron una innumerable serie de operaciones militares y de inteligencia menores, no sólo en aquéllos territorios donde se libraban directamente las batallas, sino también en zonas muy alejadas a las mismas. Estas operaciones, si fuesen cuantificadas al respecto del número total de medios y hombres utilizados, indudablemente, harían pensar al neófito en la materia que muy escasa o nula importancia habrían de tener para el desarrollo victorioso de una campaña militar concreta, pudiéndose interpretar aquí tales operativos como meras maniobras de distracción; pero, muy al contrario, se trató de una serie de grandes ejecuciones tácticas, con muy poca difusión incluso entre los mandos de los ejércitos por tratarse de acciones clasificadas de suma importancia, y de un gran valor estratégico, puesto que coadyuvarían a la consecución de los grandes objetivos militares ideados por los Estados beligerantes.


Precisamente, una de estas operaciones de gran trascendencia militar durante el conflicto mundial y no excesivamente conocida y divulgada a posteriori por los libros de Historia, fue la denominada “Operación Mincemeat”, cuyo marco geográfico de actuación, se sitúa, entre otros, en las costas de Huelva. Dicha operación, ideada por la Armada de Gran Bretaña, se concibió desde un primer momento, como elemento básico de engaño y distracción que, bien ejecutada, favorecería la realización de otra mucho más ambiciosa por la complejidad que requería en su ejecución, esto es, la denominada “Operación Husky”, la cual no consistiría sino en la invasión de Sicilia, convirtiendo a este territorio como puerta de entrada para la conquista de toda la península italiana por parte de los Aliados en 1943.

 

En efecto, una vez fueron derrotados los ejércitos del brillante General alemán Erwin Rommel en el norte de África (el Afrika Korps), los Aliados establecieron como un objetivo de máxima prioridad la conquista de Sicilia, lugar de gran valor estratégico no sólo por su fácil acceso al Mar Mediterráneo, sino también como paso previo para la introducción de las fuerzas aliadas hacia el corazón de la Europa nazi. No obstante, ingleses y americanos eran conocedores de la difícil orografía que presentaba la isla italiana, facilitando una adecuada defensa por parte de las numerosas tropas alemanas e italianas destacadas en aquél terreno; por todo lo cual, se hacía del todo imprescindible el idear una estratagema conducente a desorientar a las fuerzas de inteligencia alemanas (Abwehr) acerca de cuál sería el punto exacto de una primera invasión aliada de Europa que, obviamente, consistía en hacer pensar a Hitler que no sería, en ningún caso, por el territorio siciliano, sino que se efectuaría simultáneamente por Cerdeña y Grecia.

 

Así pues, los Aliados darían luz verde a la “Operación Mincemeat”, de cuyo éxito dependería en grado sumo la ulterior “Husky”. La trama básica de “Mincemeat” fue ideada en última instancia por dos oficiales británicos, el Líder de Escuadrón Sir Archibald Cholmondley y el Capitán de Corbeta Ewen Montagu, quien pertenecía a la División de Inteligencia Naval del Almirantazgo británico.

 

Ambos oficiales, en el más estricto secreto, establecieron un plan consistente en hacer llegar informaciones erróneas al Alto Mando alemán acerca de los puntos exactos donde los Aliados iniciarían los desembarcos, a fin de que Hitler retirase el grueso de las tropas dispuestas en Sicilia hacia otras latitudes, dejando expedita la isla para un gran desembarco anfibio y minimizar, de esta forma, la resistencia armada y las bajas. De tal forma, idearían transmitir esas informaciones por medio del cadáver de un correo especial, un oficial que transportara información importante, cuyo avión hubiese sido derribado en uno de los múltiples viajes efectuados entre Inglaterra y el norte de África y que, arrastrado por las corrientes marinas, llegase a la costa española; donde, a buen seguro, las autoridades franquistas, por su excelente colaboracionismo con Alemania, cederían gustosos toda la documentación a las autoridades germanas.

 

Igualmente, la estratagema requería ahora el “inventar” una vida, la de un oficial británico, cuyas causas de la muerte fuesen creíbles y, más aun, la documentación que portaba. Así, se determinó utilizar para tal plan el cuerpo de un enfermo de neumonía, quien en caso de efectuársele una autopsia, revelaría similares causas de la muerte que un ahogado; aunque, según otras versiones, se utilizó el cuerpo de un marinero muerto por el hundimiento del portaaviones británico HMS Dasher el día 27 de marzo de 1943.

 

Sea como fuere, aquél cuerpo inerte, por obra y gracia de los servicios secretos británicos, el MI5, pertenecía ya al Mayor de la Royal Navy William Martin, nacido en Cardiff en 1907, hallándose en sus bolsillos unas cartas y una foto de su supuesta novia, Pamela, quien no era sino una colaboradora de Montagu; unas llaves, una caja de fósforos, un ticket de entrada al teatro, una carta del gerente de un banco y, en fin, diversos objetos propios de un oficial que en nada diferirían a los de otro cualquiera. Sin embargo, lo más relevante para el éxito de la operación eran una serie de documentos extraoficiales efectuados por el General del Estado Mayor británico Sir Archibald Nye, y cuyo destinatario era Sir Harold Alexander, Comandante en Jefe del Ejército Aliado en África del Norte y Oriente Medio, a las órdenes del general estadounidense Dwight D. Eisenhower, y que hablaban, encriptados, de un próximo desembarco aliado en una falsa localización.


También, y para conseguir un mayor realismo en la trama, se añadió a la documentación personal de Martin (cuyo retrato pertenecía a otro oficial británico próximo a Montagu) unos documentos que definían al Mayor como un experto en la realización de maniobras militares de desembarco anfibio, causa ésta por la que había sido destinado al norte de África, según una carta que asimismo transportaba Martin como parte del señuelo, y que fue dirigida por Lord Louis Mountbatten, Jefe de Operaciones Combinadas, al Comandante Naval británico en el Mediterráneo, Andrew Cunningham.

 

De esta forma, y con todos los preparativos del engaño dispuestos, el día 30 de Abril de 1943, emergió a la superficie, aproximadamente a una milla marina de las playas onubenses, el submarino británico HMS Seraph, cuya dotación era de cuarenta y tres marineros y cinco oficiales, estando dirigido asimismo por el Comandante N.A. Jewell, y cuya misión era dejar en el agua el cadáver del Mayor Martin junto a un bote salvavidas de la Fuerza Aérea y, por supuesto, su trascendental maletín repleto de falsa información encadenado a la muñeca.

 

Así las cosas, esa misma mañana sería descubierto el cuerpo por un pescador, quien, de inmediato, comunicaría su hallazgo a las autoridades españolas. Éstas se pondrían en contacto acto seguido con la Comandancia de Marina de Huelva, cuyo Juez Instructor efectuó el levantamiento del cadáver y se hizo cargo asimismo del maletín de Martin a fin de cederlo al Vicecónsul británico en Huelva, Mr. Francis Haselden. No obstante, Haselden, conocedor de la Operación, lo desestimó y propuso su devolución nuevamente a las autoridades españolas para que obraran según los procedimientos de actuación habituales en estos casos.

 

De tal modo, la autopsia efectuada a William Martin por los médicos forenses españoles reveló que el cadáver habría estado en el mar entre cinco y diez días, con lo cual, de haber sido advertido convenientemente por la Abwehr en Huelva, dirigida por Adolf Clauss, habría hecho sospechar de que se trataba de un engaño, al igual que informaron de lo extraño de no aparecer mordeduras de peces en el cuerpo del militar.

 

Aun así, toda la documentación que portaba Martin sería convenientemente fotografiada y enviada al Jefe de los Servicios Secretos alemanes en territorio español, Gustav Leissner, quien haría lo propio a fin de que llegase a Berlín. Por su parte, el día 2 de Mayo sería enterrado en Huelva aquél hombre que tanto servicio haría a su patria y a los Aliados y que, muy a las claras, obedecía al nombre real de Glyndwr Michael, mientras que en ese mismo mes Ewen Montagu enviaba un mensaje cifrado a Winston Churchill acerca del éxito de la Operación, la cual se plasmó en la retirada del grueso de las tropas alemanas de Sicilia hacia Córcega, Cerdeña y Grecia, favoreciendo de tal forma la primera gran invasión de los Aliados en Europa hasta la fecha, avanzando por Sicilia el día 10 de Julio de 1943, como antesala de la otra gran Operación que se llevaría a cabo un año después, en Junio de 1944 en Normandía, y cuyo fin era acabar con el dominio totalitario nazi en Europa y devolver su legítima libertad a las naciones invadidas.

 

Miguel Burguillos Peña, licenciado en Historia

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