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Manuel Rayo
Miércoles, 9 enero 2019 | Leída 183 veces

#GraciasAljaraque

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La verdad es que no sé si será un “hasta siempre” o un “hasta luego”. La evidencia es que hace unas semanas finalizó una etapa más que anotar en mi agenda. Una etapa maravillosa en el IES Fuente Juncal de Aljaraque. Es posible que algún día vuelva. 

El azar o el destino hace que la vida, el primer día que entras a trabajar en tu nuevo centro, la primera persona que veas sea la profesora que hace 23 años te impartió clases de Geografía en 1º BUP. Así es la vida. Una ruleta rusa. Un círculo donde todos nos acabamos encontrando.


No tendría palabras en este artículo para agradecer el trato y la ayuda recibida por mis compañeros, a los que muchos ya considero amigos. Cuando disfrutas de tu trabajo -ya tiene mérito en este país trabajar en lo que uno quiere- y te sientes respaldado al cien por cien por el equipo directivo del centro, no hay más nada que decir.


Dentro del sector de la enseñanza suele darse el caso de aquellos que ya tienen plaza y los que van de nómadas o itinerantes durante 9 meses. En ese sentido, en muchos lugares, los primeros miran por encima del hombro a los segundos. Más que nada, porque quizás sientan celos de que los alumnos y alumnas empaticen más con los segundos. 

 

Pues oigan, no lo he notado en ningún momento. En el IES Fuente Juncal no había diferencias. Todos éramos “soldados rasos”. Al menos, yo no lo he sentido. Más bien al contrario. Siempre he encontrado las puertas abiertas para cualquier duda, pregunta o problema que tuviese. Jamás podría haber pensado antes de ejercer esta profesión que pudiera bromear con el director de un instituto o con la Jefa de Estudios. Pues así ha sido. Me han tratado como a un hijo. Y estaré eternamente agradecido.


Y a mis alumnos que les voy a decir que no les haya dicho ya. Cuando finaliza una etapa más en la enseñanza, siempre te quedas con los buenos momentos vividos. Y suelo decir muchas veces que no sólo los profesores enseñamos a los alumnos, sino que también ocurre al contrario. Hay detalles que suman, y mucho. Y para mí esta profesión no tendría sentido si no haces pensar a los alumnos. Si sólo te limitas a impartirles la materia en cuestión. Si tienes que parar la clase 20 minutos para explicarle al alumnado algo de interés político que haya ocurrido, pues te paras. Porque sino esta profesión no merece la pena. A veces no rinden académicamente porque no pueden, no porque no quieren. Es posible que haya algo más que una mera cuestión relacionada con el aula. Y a veces, hay que acercarse al alumno y empatizar con él. Formamos parte del sector de la enseñanza, pero también somos personas. Y cuando sacas adelante estas cosas, es cuando más reconfortado te sientes. Al menos, en mi caso.


Sé que no es políticamente correcto decirlo. Y me da igual. Pero a muchos de mis alumnos -ya lo hice en mi anterior destino- les suelo decir que no todo en la vida es ir a la universidad. No sé es más que otro por tener una carrera o una carrera más que otro. Aquellos que no estudiaban Bachillerato y elegían la FP, en nuestros tiempos, eran considerados más torpes que quién optaba a la universidad. Claro, eran tiempos donde “Sensación de Vivir 90210” hizo mucho daño. Beverly Hills, Brandon y Brenda Walsh, Kelly Taylor o el díscolo Dylan Mckay y esas taquillas en los pasillos y fiestas diarias.


En ese sentido, acudan ahora al mercado laboral. Muchos de aquellos que se licenciaron en mi época vuelven atrás a realizar Ciclos de Grado Medio o Superior para optar a un trabajo. Porque hay mayor demanda de técnicos que de licenciados. Latitulitis ha hecho bastante daño. Tanto, que puede usted acudir a un Call Center de estas subcontratas de las grandes multinacionales de telefonía móvil donde, quién menos estudios tiene sabe dos idiomas. En otro país, probablemente, sería alguien. En éste, un robot descolgando 50 llamadas al día donde cada cinco minutos el cliente repasa todo tu árbol genealógico.


Evidentemente, sólo soy profesor y aconsejo. Más aun, si me lo piden. Y mi consejo es ese. Ni se es más ni menos por estudiar una carrera. Al igual que a lo mejor hay gente que sirve para todo excepto para clavar codos y puede ejercer un trabajo tan digno como el de un ingeniero del AVE de Medina a La Meca.


Y no podía terminar este artículo sin dedicar unas palabras a una compañera que se nos fue hace casi un mes. Laura Luelmo. Maldita sea. Sólo tuviste tiempo de conocer nuestra provincia diez días. Malditos aquellos que matan. Ese número infinito que te llamó y descolgaste con toda la ilusión del mundo. Me suena esa canción. Así me sentí yo en mi primera interinidad. A una persona a la cuál le sesgan la vida con 26 años, no se le puede decir que “Descanse en Paz”, porque Laura no estaba cansada.
 

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