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Lorena Martín Montilla
Lunes, 5 noviembre 2018 | Leída 117 veces
COACHING, EMOGESTIÓN Y CRECIMIENTO PERSONAL

Ser amable mejora tu salud

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Las emociones negativas nos afectan; lo sabemos. De lo que quizás no somos conscientes es hasta qué punto la tristeza, la ira o el miedo pueden influir en nuestra salud y en nuestro bienestar físico. Tenemos evidencias, a día de hoy, de que esas emociones negativas son uno de los principales factores de riesgo para contraer enfermedades… Lo peor es que, a veces, somos nosotros los que las alimentamos.

[Img #214502]Lo que no decimos, lo que no expresamos y guardamos para nosotros, no se destruye; al contrario de lo que podamos pensar, si no manifestamos nuestras emociones y no las canalizamos adecuadamente vamos llenando nuestra mochila de un peso innecesario que nos lastra en todas las parcelas de nuestra vida. ¿Sabes dónde van esas palabras que no se dijeron? ¿Dónde se queda lo que sientes y no manifiestas? ¿En qué lugar se guardan las vivencias que no has compartido? ¿Dónde se dirigen las emociones que no has expresado? Se quedan en ti, muy dentro de ti, y se van transformando en inapetencia, en insomnio, en nudos en el estómago, en dolor de cabeza, contracturas musculares fruto de la tensión, el estrés, el malestar acumulado…


Nuestra vida es el reflejo de nuestro estado mental; si permanecemos en equilibrio y serenidad nuestras vidas serán más armoniosas. Por el contrario, si vivimos anclados en pensamientos negativos nuestra vida será más desequilibrada y, en consecuencia, nuestro estado físico también lo estará. 

 

En universidades de reconocido prestigio internacional, como Harvard o Yale, la asignatura más demandada por los alumnos es sobre la Felicidad. Y es que estamos valorando, ahora más que nunca, la importancia de nuestro bienestar, de nuestro equilibrio interior, de nuestra calma mental. Científicamente sabemos que las emociones positivas mejoran nuestra salud. Si tu filosofía de vida es ver el lado más luminoso de todo aquello que te ocurre y te rodea; de encontrar la oportunidad en la dificultad; de considerar cada escollo como un aprendizaje; de mejorar y crecer personalmente como objetivo vital, tendrás menos propensión a padecer determinados tipos de dolencias, sobre todo cardíacas, estomacales y hepáticas.


[Img #214505]Cuando el miedo, la ira, la tristeza e incluso el asco, son habituales y especialmente intensos nuestra calidad de vida empeora. Estas cuatro emociones tienen una estrecha vinculación con algunos trastornos mentales, suponen un riesgo para la salud física e incluso pueden tener un impacto negativo en nuestro sistema inmunológico o en el desarrollo de procesos tumorales, según estudios recientes en el ámbito universitario. 


El resentimiento, la culpa o la necesidad de atención también nos desequilibran emocionalmente, y esa ruptura con nosotros mismos puede reflejarse en síntomas o enfermedades. Cuando estamos tristes o apenados notamos que nos faltan las fuerzas, sentimos pesadez y cansancio, desgana y apatía. El miedo o la tensión nos bloquean, al igual que el terror o la ira. Esos sentimientos y esas emociones influyen en la frecuencia cardiaca, en la dificultad para respirar, en la tensión, palpitaciones, vértigo, temblores, desmayos, dolor de cabeza, tensión muscular…


Por el contrario, si somos capaces de desarrollar las habilidades necesarias para gestionar nuestras emociones mejora nuestro bienestar en forma directamente proporcional. Cuando eres amable;cuando encuentras tu sentido personal sin buscar el aplauso del mundo y te sientes libre por ello; cuando empatizas con los demás, te preocupas, intentas comprender;cuando aprendes a perdonar y te activas el botón “del lado positivo de las cosas”, con todo lo que ello supone en tu vida, generas hormonas como la serotonina, la dopamina, la oxitocina o la endorfina, las llamadas hormonas de la felicidad. Y es que todo está en estrecha simbiosis en nuestro sistema nervioso.


[Img #214508]Pensar en recuerdos felices aumenta tu nivel de serotonina; también exponerte a la luz del Sol o hacer ejercicio físico. La dopamina está estrechamente relacionada con la motivación, la relación entre esfuerzo y beneficio, y sentimientos como el amor. Lo aconsejable para liberarla  es fijarse objetivos a corto plazo o plantear metas pequeñas que lleven a un objetivo mayor a largo plazo. La oxitocina se conoce como “la hormona de los vínculos emocionales” generada, entre otras causas, al dar y recibir abrazos. Es importante en la construcción de nuestra confianza, que a su vez es nuestra mejor aliada para enfrentarnos a los retos y darnos mayor seguridad. Por otra parte, las endorfinas son sustancias que atenúan el dolor y producen una sensación de bienestar. Se le atribuye la función de mejorar nuestra calidad de vida (entre otras cosas, fortaleciendo nuestro sistema inmunológico) y, por eso, cuando hacemos algoque se considera placentero (o lo recibimos) se produce un aumento de endorfinas. La risa, la relajación, disfrutar de las comidas y las compañías, tener un hobby, ayudar a los demás, escuchar música… Todo ello incrementa esas “hormonas de la felicidad”; por el contrario, la rutina, la tristeza o la falta de ilusión hacen que sus niveles decrezcan.


Tener una visión positiva y andar tu camino haciendo más fácil y placentero el camino de los demás no significa que no se sientan emociones negativas. Son parte de nuestras vivencias y en determinadas circunstancias son la reacción normal, humana, y de ellas vamos a aprender mucho sobre nosotros mismos. La clave está en saber gestionarlas encontrando un equilibrio entre las emociones positivas y las negativas. El problema es cuando esa parte negativa se convierte en lo habitual y define nuestro estado de ánimo.Tolstoi dijo que “hay muchos tipos de conocimiento, pero hay uno más importante que los demás: el conocimiento de cómo hay que vivir. Y este conocimiento, casi siempre, se menosprecia”.


[Img #214507]Para evitar caer en esos bucles de negatividad debemos recordar lo bueno que tenemos; nuestras buenas acciones. Hacer aquello que nos haga sentir bien y regalarles a los demás parte de nosotros (que nadie llegue a ti sin que al irse se siente un poco mejor). Aprendamos a perdonarnos y a perdonar a los demás (no es cuestión de que se lo merezcan o no, sino de garantizar nuestro bienestar). Debemos gestionar mejor nuestro tiempo dando prioridad a lo IMPORTANTE. Replanteemos nuestras creencias, nuestro estilo de vida, dediquémonos un tiempo a reflexionar sobre aquello que no nos hace feliz, el por qué y cómo podemos reconducirlo. Seamos el cambio que buscamos en el mundo (Gandhi). Recuerda que no eres lo que te ocurre sino lo que decides hacer con lo que te ocurre…


Siempre tienes la opción de ser amable; de sonreír a los demás; de contagiar lo bueno que hay en ti. Te sientes bien y también consigues esa reacción entre los que te rodean. Como dice un conocido proverbio, la sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz… No esperes que hoy sea un buen día, haz que hoy sea un buen día… y SIÉNTETE MEJOR.
 

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