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Maite Scrich
Lunes, 10 septiembre 2018 | Leída 151 veces

Otra Universidad

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Soy de quienes viven en el convencimiento de que en el seno de sociedades con aspiraciones de progreso social la Universidad está llamada a constituir un elemento vertebrador fundamental. No puede ser de otra manera, puesto que reúne las condiciones objetivas para ello en cuestión de capacidad intelectual de sus integrantes y del alto nivel de sensibilidad del material con el que se trabaja, formado por los individuos que nos sobrevivirán en el futuro.

Lamento, no obstante, que a pesar de que se pueda enfatizar en discursos y programas que este progreso social constituye un objetivo estratégico de la universidad, se acabe constatando cómo ésta mayormente consume sus energías en la farragosa gestión característica de instituciones altamente burocratizadas y marcadas por presupuestos y normativas. Los grupos e individuos con fuertes aspiraciones, además, entran en el difícil equilibrio de conjugar objetivos educativos con intereses empresariales, de grupos políticos y juegos tácticos, a los que sumar los propios intereses básicos de empleados y estudiantes, tales como obtener un título lo antes posible o mantener un empleo en la administración.

 

En sociología de la educación llevamos a los alumnos a reflexionar sobre los distintos papeles que se les atribuye o que se otorgan a sí mismas las instituciones educativas. Generalmente el alumnado responde bien al ejercicio de pensar y enumerar los objetivos, individuales o colectivos, a veces evidentes, otras veces inadvertidos, que rigen el funcionamiento del sistema. Para ellos es relativamente fácil bucear en este espacio de socialización porque lo viven en primera persona durante la larga trayectoria formativa. El ejercicio les permite verbalizar sus razones para asistir a la universidad y, a su vez, ponerse en el lugar de otros y preguntarse sobre la legitimidad de las diferentes posturas y la ética de las posiciones.

 

Después de catorce años de servicio como profesora de la Universidad de Huelva pretendo trasladar en esta columna que aquí inauguro los debates a los que tenga acceso y las reflexiones a las que me lleve mi entendimiento. Son reflexiones a menudo compartidas con otros, en los pasillos y en las aulas, otras veces meditadas en silencio. Son muchas las noticias que la Universidad de Huelva genera y traslada a los medios de comunicación locales como éste, Huelva24, mas estas noticias comúnmente hablan de convenios firmados, reconocimientos obtenidos y también de conflictos laborales en sus varias fases de resolución. Se habla mucho menos de cómo la universidad podría participar más en la construcción de un mundo con mayores posibilidades de entendimiento y supervivencia y aquí es donde me gustaría poder contribuir. Sé que la exposición pública mediante la publicación de percepciones personales y propuestas alternativas es hoy por hoy, gracias al anonimato e inmediatez que permiten los medios electrónicos, un terreno abonado para que los lectores crucen los límites del decoro en la expresión de sus comentarios, ya me han advertido. Espero encontrar la fuerza para superar este obstáculo y mantener en el tiempo esta vía de expresión que hoy me he atrevido a canalizar. Que ustedes lo valoren y disfruten.

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2 Comentarios
Fecha: Martes, 11 septiembre 2018 a las 11:29
Marga
Bien que tengas claro lo de los límites del decoro, porque he leído por aquí a cada energúmeno que no sé ni como tienen acceso a un ordenador. Y sí, la mayoría de ellos hombres, poseedores del gen 'bruto'
Fecha: Lunes, 10 septiembre 2018 a las 17:05
Pinkerton
Me parece muy bien que abra Usted este espacio de debate pero, antes, ¿de qué Universidad está hablando? porque una Universidad no es una Universidad porque se llame Universidad.
Así que lo primero es planearse qué es una Universidad y en qué se diferencia de un centro de enseñanza al que simplemente acuden personas mayores de 18 años para recibir un tipo de enseñanza y posteriormente realizar un examen tipo test.

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