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Lorena Martín Montilla
Lunes, 10 septiembre 2018 | Leída 161 veces
COACHING, EMOGESTIÓN Y CRECIMIENTO PERSONAL

Pregúntales a tus miedos qué quieren de ti

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En la búsqueda de nuestra tranquilidad y estabilidad emocional aspiramos a esa calma y esa paz que nos proporcionen el equilibrio necesario para poder vivir sin ansiedad y sin ese estrés que nos frustra, nos empequeñece, nos limita y, sobre todo, nos quita lo mejor de nosotros: nuestra manera de ser (parafraseando al genial Víctor Küppers). Pero, a veces, cometemos el error de creer que en el camino de la serenidad no hay que afrontar las dificultades. 

“La vida nos manda regalos envueltos en problemas” (Juan Carlos de Pedro) 


No depende de nosotros que nos encontremos piedras en el camino pero sí somos responsables de lo que haremos con ellas: construye puentes en vez de bloquearte… Y ese bloqueo nace, en muchísimas ocasiones, del miedo. Un miedo que se alimenta de la incertidumbre y la inseguridad.


Pero tenemos que aprender a convivir con esos miedos para que nos hagan crecer y no nos limiten. Suelo decirle a mi hijo pequeño que no es malo estar triste o tener miedo; lo importante es que sepa por qué lo siente y actúe. Cuando no queremos “problemas” y estos se nos presentan falseamos la realidad apartándolos porque, de esta forma, pensamos que mantendremos nuestro equilibrio. No hablamos sobre ello, los miramos de reojo, los evitamos en nuestros pensamientos, en definitiva, no nos enfrentamos a esos problemas por el miedo a que se muevan nuestros cimientos, a provocar un conflicto, a tener que entrar en colisión con alguien o con nosotros mismos o porque, en el fondo, sabemos lo que supondrá hacerles frente; y eso nos incomoda.

 

[Img #210577]


Pero todo ello no se trata más que de un error de percepción. Por más que evitemos afrontarlo, nuestra piedra seguirá ahí. Aunque huyamos a un rincón recóndito de la selva amazónica, nuestro problema, nuestros miedos, nos perseguirán siempre. Son esas bolas de nieve que van creciendo, se hacen mayores y más fuertes, y nos van creando un malestar con el que nos acostumbramos a vivir y nos desconecta de nosotros mismos tomando las riendas de nuestra vida. Y, como todo lo que vivimos y reprimimos, al final tendrá que buscar su salida: al principio en forma de pequeñas grietas (dolor de estómago, incapacidad para dormir, irritabilidad, mal humor, tristeza), y después como poderosas cascadas (gritos, agresividad, discusiones).


Entonces sí que habrán ganados tus miedos. Unos miedos que crecen bajo la falsa creencia de que evitar los problemas nos salvarádel malestar pero, de esta forma, conseguimos justo lo contrario: los alimentamos y los hacemos más grandes hasta que terminan por sobrepasarnos.Un problema sólo será un problema si permitimos que lo sea. Un problema es una oportunidad, una situación que necesita ser resuelta y que nos brida la opción de buscar la mejor solución sacando ese ser extraordinario que habita en nosotros, que SOMOS nosotros, cada UNO de nosotros. 


Un problema, una situación de conflicto, debe ser entendida como un punto de inflexión, una crisis transformada en oportunidad para sacar la mejor versión de nosotros mismos. Debemos mirar a nuestros miedos, a nuestras inseguridades, a nuestras emociones de frente y preguntarles: ¿qué me estás queriendo enseñar? 


[Img #210578]Básicamente, el miedo nos deja dos enseñanzas vitales. La primera es que, a veces, el temor a lo que nos podamos encontrar, nuestras invenciones, la angustia de no saber, alimentan el miedo de forma irracional. En ocasiones, en tan sólo un producto de nuestra mente pero lo hacemos tan poderoso que nos paraliza; lo alimentamos sin tan siquiera saber si realmente existe.


La otra lección es que el miedo también nos hace un preciado regalo: la precaución, la alerta. Cuando una determinada situación nos provoca miedo es porque recelamos de ella, porque tememos sus consecuencias. Y en este punto hay que diferenciar el miedo infundado y el miedo reflexivo. Éste puede ser sunuestro mejor aliado porque nos previene de posibles peligros;nos mantiene alerta y nos hace detenernos para valorar qué tenemos enfrente.

 

Y en estabatalla contra el miedo, los problemas -y todas las emociones asociadas a ellos-, solemos entrar en un bucle de dos reacciones totalmente opuestas: evitarlos o pensarlos demasiado. Éste es uno de los principales motivos de nuestro desequilibrio interior; lo que podemos llamar el “automachaque”. Esa mente que se dispara a 50 pensamientos por minuto; recreándose en situaciones pasadas para evitar afrontar el presente, en buscar lo negativo de cada situación, en querer entender y saber todas las respuestas, en victimizarse y regodearse en todo aquello “terrible” que nos puede pasar y en lo terrible que ha sido nuestra vida.


El automachaque nos aleja de la realidad configurando un mundo paralelo que terminamos por creernos y que alimentamos consciente o inconscientemente. No afrontarlos problemas, no escucharte, no empatizar, nos difumina, nos hace perdernos; e inevitablemente proyectamos ese vacío en nuestra vida. Javier Iriondo -al que escuché hace poco en una conferencia de Mentes Expertas- lo explica brillantemente: el automachaque, el pensamiento negativo, derrotista, nos encierra en creencias limitantes. Entonces, dejamos nuestro ser y nuestra vida en manos de ese Okupa Mental que piensa por nosotros, que vive por nosotros y que nos convierte en una nuestra peor versión. Se refleja en esa frase que todos habremos escuchado alguna vez: “no era él/ella”, “parecía otra persona”. Realmente sí somos nosotros pero estamos en manos de ese Okupa Mental que alimenta nuestros miedos, nuestra negatividad, y nos hace perdernos en un bucle del que no somos capaces de salir. 


[Img #210579]Hay una historia sobre la que merece la pena reflexionar. Un anciano cherokee le habló a su nieto sobre la batalla interior que libramos cada uno de nosotros. Dentro de cada persona existe una dura lucha entre dos lobos. Uno de ellos es el lobo malvado, violento, lleno de ira y agresividad. El otro es bondad, amor, compasión, alegría, comprensión. La pregunta obligada del nieto era “¿y quién gana?” El anciano respondió: “aquel que tú decidas alimentar”. 


Con tus elecciones, con tus creencias, con tu atención, con tu ACTITUD, decides a cúal de ellos vas a alimentar. No dejes que las frustraciones, los miedos y los problemas tomen las riendas de tu vida porque entonces estarás haciendo crecer al peor de los lobos. A menudo, las personas más conflictivas, déspotas, arrogantes, son también las más inseguras, las que guardan más miedos, y esa es su forma de proyectarlos.


Piensa que, como dice Juan Carlos de Pedro, “la vida nos manda regalos envueltos en problemas”. Míralos de frente, analízalos, busca en ti, saca lo mejor que encuentres y aprende. No hay ninguna piedra en el camino que no puedas utilizar para mejorar y crecer.Tienes que prepararte, formarte, cambiar tu actitud (y tu filosofía de vida) porque así reduces la incertidumbre y, por tanto, el miedo. Se trata de crear TU SUERTE, como nos dice Álex Rovira. No importa lo que venga, eso no lo puedes controlar, pero sí puedes elegir permanecer en calma, con la seguridad de que vas a buscar y encontrar la respuesta más adecuada, porque lo afrontarás de la mejor manera posible. Confías en ti porque has aprendido a conocerte y a quererte; porque has aprendido a gestionar tus emociones; porque han cambiado tus creencias y tu perspectiva. Has tomado CONSCIENCIA.


Regálatelo. 

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