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Israel Arias / Agencias
Sábado, 28 julio 2018 | Leída 65 veces
crítica de cine

Misión Imposible: Fallout, el blockbuster era esto

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Misión imposible: Fallout, un blockbuster ejemplar, un filme frenético, divertido y con algunas de las mejores secuencias de acción de las últimas décadas.

Tras sorprender con la eficaz Jack Reacher (2012), el binomio Tom Cruise-Christopher McQuarrie confirmó esas buenas sensaciones en Nación secreta (2015), quinta entrega de Misión Imposible. Tres años después, el dúo dinámico del 'action-packed' eleva la franquicia a un nuevo nivel en Misión imposible: Fallout, un blockbuster ejemplar, un filme frenético, divertido y con algunas de las mejores secuencias de acción de las últimas décadas.

 

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Las dichosas 'set pieces', que otras sagas taquilleras solo utilizan para justificar su astronómico despilfarro en CGI mientras convierten la pantalla en un caos inane lleno de ruido y destrucción, son aquí la feliz constante a la que se agarran Cruise y McQuarrie para ir armando un auténtico titán del cine palomitero. Misión imposible 6 despliega un rosario de enormes y demenciales escenas de acción perfectamente ejecutadas y hábilmente hilvanadas por un guión al que, a pesar de estar plagado de artimañas y vericuetos inverosímiles, es lo suficientemente hábil y autoconsciente para no dejar sus costuras totalmente al descubierto.


Una destreza que también exhibe a la hora de aprovechar de forma muy inteligente el legado de las cinco entregas anteriores. Un bagaje que Misión imposible 6 emplea tanto para dar algo de profundidad a sus personajes como para apuntalar con una sólida base una trama central que, y sin entrar en más detalles, es secuela directa de Nación Secreta. El guión de aquella, por cierto, también lo firmó McQuarrie.

 

Persecuciones por tierra, mar y aire, brutales peleas, tiroteos, lealtades enfrentadas, traiciones y demás aparatosos y enérgicos trances se suceden de forma imparable mientras Cruise -el más especial de todos los efectos con los que cuenta McQuarrie- hace, una vez más, su magia y, en ese constante 'in crescendo' de dos horas y media que es Misión imposible: Fallout, despliega ese 'no-sé-qué' que nadie sabe lo que es pero que, en estos trances veraniegos, es lo único que importa. Gracias Enrique. Y, sobre todo, gracias por esa actitud, Tom.

 

 

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