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Diego Lopa
Jueves, 26 abril 2018 | Leída 439 veces
Llegó a la costa onubense en 1943

En recuerdo de William Martin en el 75 aniversario de la aparición de su cadáver

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En estos mismos días del mes de abril, pero en el año de 1943, Huelva se preparaba para recibir la visita del Jefe del Estado General Franco, al que se haría entrega de la Espada de la Victoria concedida por el ayuntamiento de la ciudad y costeada por suscripción entre los de las capitales de toda España. Pero para lo que no se había preparado, era para la aparición en la playa de la Mata Negra cerca de Punta Umbría, del cadáver de un marino inglés con una carpeta de cuero atada a su cuerpo.

[Img #201180]

 

Casualidad o causalidad…  Lo cierto es que la aparición de ese cadáver que respondía a la identidad de mayor William Martin, era el punto final de una operación cuidadosamente preparada desde el MI5, servicio de [Img #201181]inteligencia británico, para facilitar el desembarco aliado en Sicilia desde las costas del norte de África.

 

Con estas palabras, sacadas de una novela sobre el mayor Martin escrita por Sir Duff Cooper, comienza mi libro sobre la increíble historia que hace 75 años tomó Huelva como eje central de la Operación Mincemeat.

 

“Estaba a punto de amanecer cuando el submarino emergió en la superficie. La tripulación se alegró de respirar aire fresco y puro o todavía le satisfizo más librarse de su extraña carga. Quitaron las envolturas y el teniente saludó militarmente mientras colocaba, lo más suavemente posible, el cadáver de aquel oficial, que vestía impecable uniforme, en la superficie del agua. Soplaba una ligera brisa hacia la playa y la marea subió. De modo que Willie fue a la guerra, por fin, con sus galones de mayor en los hombros y una carta de su amada junto a su inmóvil corazón…”.

 

Sucedió en la madrugada del 30 de abril de 1943 y mientras que el submarino Sheraph, al mando de capitán Norman Jewell, se alejaba en dirección al estrecho de Gibraltar, el cadáver de un marino inglés con una carpeta de documentos atada a su cintura se dirigía a la playa de la Mata Negra. Esa carpeta contenía unas falsas cartas que debían inducir a los alemanes a creer que el desembarco de los aliados desde Túnez se alejaría de la cercana Sicilia para dirigirse a Cerdeña y el Peloponeso.


¿Pero en que consistió una operación tan milimétricamente calculada y que respondía al llamativo nombre de Carne Picada…? Cuando los padres de la idea, Edwen Montagú y Charles Cholmondeley, se enfrentaron, desde el MI5 a la compleja operación de engaño, supieron que necesitarían de varios elementos para configurar la trama: un cadáver con determinadas condiciones, una identidad, una documentación falsa y un lugar donde lanzarlo al mar.

 

[Img #201183]El cadáver debía haber fallecido por pulmonía para presentar similitud con una muerte por sumersión. Como identidad se le adjudicó la del capitán en funciones de mayor William Martin. La documentación iría en forma de cartas de miembros del alto mando aliado que se cruzarían datos falsos sobre los proyectos de desembarco y el lugar donde abandonarlo necesitaba de buena cobertura diplomática, tanto alemana como británica, así como unas determinadas condiciones meteorológicas que facilitasen la arribada del cuerpo a la playa.

 

El cadáver, según manifestaría años más tarde el Gobierno  británico, correspondía a Glyndwr Michael, fallecido en el hospital de Saint Pancras de Londres, y la cobertura en Huelva, como lugar elegido para soltar el cadáver, estaba asegurada por ambos bandos, con la familia Clauss por parte alemana y Francis Haselden por la británica, además de unas favorables condiciones decoeficientes de mareas y de dirección del viento, suma de circunstancias más que suficiente para que el MI5 decidiese, con la autorización del propio Churchill, dar luz verde a la operación.

 

Resulta difícil entender como la Huelva olvidada de la primera mitad de los años 40, guardara entre sus habitantes las tramas de espionaje, comandos operativos y una amplia red de informadores que se movían por la ciudad, convirtiéndola en una pequeña Casablanca.

 

[Img #201186]Con todo este bagaje, la aparición del cadáver convulsionó la pequeña población que era Huelva. Idas, venidas, múltiples teorías sobre el trasiego de las supuestas cartas que, finalmente, consiguieron el propósito británico de
lograr que los alemanes reforzasen las zonas de Cerdeña y los Balcanes, abandonando Sicilia, lo que sin duda evitó la muerte de miles de soldados de ambos bandos así como, posiblemente, un adelanto en el final de la guerra.

 

De aquellos días es difícil olvidar los nombres del Dr. Fernández Tormo y su hijo, el Dr. Fernández Contioso, forenses que con su diagnóstico muy bien podían haber tumbado la operación, dados los graves fallos que la documentación que acompañaba al cadáver presentaba en relación a la data de su muerte; José Antonio Rey María, el pescador que descubrió el cadáver flotando o Francisco Morales, mi querido amigo Paco, única persona que vive en la actualidad de las que participaron directamente en aquellos convulsos días, junto a su padre Emilio como responsable de la funeraria La Magdalena. Sin olvidar a familias que aún permanecen en Huelva dos generaciones después: Naylor o Clauss. Todos ellos tienen un hueco en una de las más
enigmáticas historias que rodearon el círculo del espionaje en la II Guerra mundial.

 

En el trabajo de campo de mi libro, se llegó con la colaboración de la Universidad de Huelva, a efectuar una prospección con georradar de la tumba  del cementerio de La Soledad sin que la prueba arrojase luz sobre la certeza de que exista un cadáver en ella.  

 

He pasado muchas horas ante la tumba número 46 del sector San Marcos de nuestro cementerio, en la solitaria compañía de quien considero mi amigo Willie, un amigo del que se más cosas que el mismo, conozco sus amores, sus aficiones y, sobre todo, conozco lo que hizo aunque el no llegará a conocerlo… Lo he hecho en emocionado silencio junto al enorme ciprés, hoy talado,  que aportaba luces y sombras a la tumba como el [Img #201190]subtítulo de una historia de intriga. Yo mismo he buscado múltiples caminos en pos de la verdadera identidad del ocupante de la tumba oculta bajo la leyenda: “Dulce et decorum est pro patria mori”… ¿Quién reposa en ella…? ¿Glyndwr Michael, Reginald Harrison, Evelyn Howells, uno de los 379 marineros muertos en el hundimiento del portaaviones Dasher…? O será realidad aquella llamada telefónica a doña Isabel Naylor… “Señora no ponga más flores en una tumba que está vacía…”

 

Hoy 75 años después, esté o no ocupada, siempre tendrá mi cariño, tanto que prefiero vivir con la leyenda de que ciertamente reposa quién quedó para siempre en el recuerdo de los que seguimos poniéndole flores a miles de kilómetros de su lugar de nacimiento, rodeado por el clima de un rincón lleno de sol y mirando la ría y la marisma.

Descanse en paz…

 

Diego Lopa, autor del libro ‘Las caras ocultas de Huelva en la II Guerra Mundial. William Martin,

el hombre que nunca existió”.

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7 Comentarios
Fecha: Jueves, 24 mayo 2018 a las 21:19
Enrique
Leo este hilo y no tengo más remedio que intervenir en cuanto al comentario de Gloria sobre la entrevista en la Cadena Ser. En dicha intervención el autor manifiesta que el que el portaviones HMS Dasher fue objeto de un "sabotaje", de un "atentado". Y es totalmente incierto. El investigador escocés John Steele ha demostrado hace ya muchos años que la explosión se produjo fruto de un accidente debido a la mala construcción americana de estos navíos, que anteriormente habían sido grandes mercantes y fueron reconvertidos en portaviones.
Por cierto, recalcar que la teoría del Dasher tiene su origen en el contacto que se produce entre los investigadores John Steele, Colin Gibbon y Jesús Copeiro, a finales de los años 90.
De la misma forma que la única investigación relevante y profunda sobre la Huelva de la II Guerra Mundial es la que materializó Jesús Copeiro en su libro: Espías y neutrales, Huelva en la IIGM.
Saludos.
Fecha: Domingo, 20 mayo 2018 a las 16:53
GLORIA
Para “Aire fresco”. Que fácil es amparado en el anonimato de un seudónimo y una red social desacreditar a una persona e ironizar sobre el contenido de un artículo. Quién así lo hace se califica solito. He asistido a conferencias del autor sobre el tema W. Martin y no solo lo conoce, añado que lo domina sobradamente como compruebo escuchando la entrevista que acabo de oír y que le efectúa la cadena SER desde Madrid sobre este tema. Aire fresco se le nota el tufillo de quien desacredita más por tema personal que histórico.
Fecha: Miércoles, 2 mayo 2018 a las 22:46
CUIDADÍN!
"En el trabajo de campo de mi libro, se llegó con la colaboración de la Universidad de Huelva, a efectuar una prospección con georradar de la tumba del cementerio de La Soledad sin que la prueba arrojase luz sobre la certeza de que exista un cadáver en ella."
La CWGC, institución que vela por la tumbas de guerra británicas, no autoriza el empleo de georadares o temografía infrarroja sobre las mismas.

Cuidadín.
Fecha: Jueves, 26 abril 2018 a las 22:51
Puff
Huelva siempre en el pasado. El futuro, negrísimo
Fecha: Jueves, 26 abril 2018 a las 22:41
Aire fresco
Este hombre no sabe lo que dice. Primero dice que el cadáver debía presentar síntomas de pulmonía. Después se pregunta si fue un marinero ahogado. Nada. Ni idea. Eso sí, hace publicidad para que compren su libro. Lo mejor es lo de que "la tripulación se alegró de respirar aire fresco". Un gran historiador.
Fecha: Jueves, 26 abril 2018 a las 18:04
Tarsso
Que gusto da leer historia "con mayúsculas" sin manipular, cargar. Sencillamente narrar algo que pasó.
Gracias
Fecha: Jueves, 26 abril 2018 a las 16:15
Eduardo
Felicitaciones a Jesús Copeiro y Enrique Nielsen por haber sido los autores que mejor han estudiado el tema. Sus últimos libros son grandes aportaciones.

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