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E.Press
Sábado, 21 abril 2018 | Leída 176 veces
espacio vital

La agorafobia: entre el pánico y la vergüenza

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Las personas que padecen agorafobia evitan ciertos lugares o situaciones porque, básicamente, no se sienten seguras. Además, ese miedo se acrecienta en lugares muy concurridos. 

El caso es que a día de hoy se desconoce la causa exacta de esta patología, según advierte el Instituto Nacional de Salud estadounidense (NIH, por sus siglas en inglés).

 

En concreto, este organismo define a este trastorno como “un miedo y una ansiedad intensos mientras se está en lugares de donde es difícil escapar, o aquellos donde no se podría disponer de ayuda; generalmente involucra el miedo a las multitudes, medios de transporte, a los puentes o a estar solo en espacios abiertos o cerrados”.

 

En una entrevista con Infosalus, Cristina Mae Wood, doctora europea en Psicología y especializada en ansiedad y estrés en el Centro Área Humana de Psicología de Madrid, explica los 7 rasgos que caracterizan a la agorafobia, relacionada con el “miedo a estar en cualquier situación en la que se pueda sentir una fuerte reacción de ansiedad”.

 

1. Según precisa, tiene dos vertientes: por un lado, el miedo a que suceda algo físico y nadie te pueda ayudar, como que a la persona le dé un infarto y no esté cerca de un hospital, por ejemplo; y, por otro lado, el componente más social, caracterizado por la vergüenza de estar en una situación y que la gente se dé cuenta, o bien el mero hecho de quedarse solo y sentirte observado.

 

[Img #200357]“Debido al miedo tan intenso que provocan estas situaciones, se suelen evitar o se hacen frente a costa de un malestar importante, que suele reducirse si la persona va acompañada de un ser querido. Por ello, llega un momento en el que se evita por completo el momento de salir a la calle, o el hecho de coger simplemente un ascensor, por ejemplo. La claustrofobia es un tipo de agorafobia”, precisa la miembro del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

 

El papel del pánico y otros síntomas


2. En concreto, en torno a un 1% de la población padece de agorafobia, que según asegura Wood, puede ir acompañado o no de un trastorno de pánico. “Los ataques de pánico consisten en una reacción de ansiedad muy fuerte, en la que aparecen al menos cuatro de nueve síntomas distintos”, aclara.

 

3. Entre sus síntomas se encontrarían: temblores, parestesias (sensación entumecimiento en parte del cuerpo), opresión en el pecho, sudoración, aumento de la frecuencia cardíaca, mareos, molestias en el estómago, dificultad para respirar o para tragar, sofocos o escalofríos, miedo a perder el control, a morir o volverse loco, desrealización o despersonalización (como si fuera una película o verse desde fuera separado del cuerpo).  

 

4. La doctora en Psicología lamenta que la agorafobia sea “altamente incapacitante” a la hora de desarrollar una vida normal, tanto personal como laboral, porque, por ejemplo, hay personas con este trastorno que deciden no salir a la calle por el miedo a tener ganas de ir al baño y no encontrar un aseo público.

 

5. Según asegura, este trastorno “puede tratarse de forma rápida y eficaz en doce sesiones con un tratamiento psicológico” basado en la evidencia científica, a través del tratamiento cognitivoconductual. “Al principio, lo importante es enseñar al paciente cómo él mismo se genera esos síntomas por su forma de pensar. Al prestarle tanta atención a la información amenazante, e interpretarla siempre de modo negativo o catastrófico, hace que los síntomas de ansiedad vayan en aumento. Tiene que aprender a no dedicarle tanta atención a los síntomas y, si aparecen, no interpretarlos de forma tan negativa. El psicólogo le ayuda al paciente a sentirse poco a poco capaz de enfrentarse a esas situaciones y a recuperar la seguridad en sí mismo”, detalla la experta.

 

6. A su vez, destaca que las técnicas de relajación y de “desactivación” son “muy importantes”, además de la práctica deportiva. Wood indica que no es necesaria la medicación en este tipo de pacientes, a pesar de que la gran mayoría “acude a su médico de cabecera y les receta ansiolíticos o antidepresivos, que no curan la agorafobia a largo plazo, como sí lo hace la terapia cognitivoconductual”.

 

7. Por último, subraya que este trastorno es más frecuente en mujeres que en hombres y reseña que hay un componente genético “importante aunque no determinante” a la hora de desarrollar la agorafobia. “El estrés suele favorecer su aparición así como el hecho de ser mujer y tener el síndrome premenstrual, ser una persona muy controladora y perfeccionista; aunque también puede ser algo fortuito, en personas más obsesivas es más prevalente”, sentencia la miembro del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

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