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Lorena Martín Montilla
Lunes, 26 febrero 2018 | Leída 171 veces
COACHING PERSONAL

¿Te cuento un secreto para sentirte mejor?

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Hemos aprendido -o estamos en el camino- que todas nuestras experiencias y vivencias son continuos aprendizajes. Hemos aprendido a aprender, sabiendo que en todo aquello que nos ocurre encontraremos una enseñanza, y será entonces cuando sabremos valorarnos y disfrutar de nuestra propia compañía convirtiendo cualquier pequeño momento en un intenso placer.

[Img #196305]En ese sendero, podemos hallar el mejor regalo: los seis secretos de nuestro bienestar. ¿Quieres saberlos?: controlar el cloroformo, no remover la arena, escupir las bolas, cumplir la regla de los 6 minutos y los 30 segundos, ponerte una capa roja, y no regar las piedras.


Controlar el cloroformo 
A veces somos demasiado duros con nosotros mismos. Nos culpamos, sentimos que hemos fallado o que no estuvimos a la altura. Otras veces, nos dañan, personas o situaciones nos provocan dolor, a ratos angustioso, a ratos llevadero. Y, como seres humanos que somos, solemos entrar en el peligroso círculo del victimismo intentando que otros resuelvan nuestro malestar, que alguien venga con una mochila cargada de respuestas y explicaciones. Nos recreamos en ese dolor, llegando a convertirlo en necesario; esa dosis diaria de cloroformo que nos narcotiza y nos anestesia… y nos ata. Tenemos que aprender a perdonarnos, tanto si hemos fallado como si nos han fallado. La culpa va de la mano del hastío, eludiendo cualquier responsabilidad. Si nos centramos en buscar culpables y porqués nos encerraremos en un bucle de infelicidad que sólo nos llevará a reafirmar lo pobrecitos que somos y lo mal que nos han tratado y, por eso, nos pasamos los días dejando consumirse las horas y justificando nuestro malestar, porque soy una víctima; una víctima de mí mismo o una víctima de los demás. Mira que mal estoy; por qué me ha tocado a mí; para qué voy a salir; no tengo ganas de sonreír; y hasta puede que te olvides de respirar… Así, vas dejando pasar la vida enajenado para encontrar respuestas y porqués. Así no… 


Cambia el enfoque. De nada sirve señalar constantemente a ese alguien que nos dañó. De nada sirve lamentarse, con esa dosis diaria de cloroformo. Toma las riendas y asume tu responsabilidad. No podemos cambiar lo que ha pasado, pero sí podemos actuar en consecuencia y decidir qué vamos a hacer. Sustituimos el por qué, por el para qué. Y, de esta forma, no sumaremos más intentos vanos de saber el motivo de lo que nos ocurrió, sino intentar extraer las enseñanzas que nos dejó.; integrando en nuestra vida esas lecciones que sólo seremos capaces de encontrar si abandonamos el camino del victimismo. Seremos mejores, nuestra forma de entender el mundo y relacionarnos con él cambiará si somos capaces de sacar algo positivo, de entender que de cada situación obtenemos un regalo: el aprendizaje. Y ese aprendizaje nos ayuda a crecer, a cambiar nuestra perspectiva, a ser independientes emocionalmente y responsables de nuestra vida. 


[Img #196307]No remover la arena
Por muchos días, noches, minutos, horas que le dediques a pensar en esa situación que viviste, en aquello que te ocurrió, en eso que te hicieron, nada lo va a cambiar.
No tenemos -aunque nos gustaría- un botón para dar marcha atrás y alterar esos episodios del pasado que nos provocan un malestar profundo. Podemos dedicarle más o menos tiempo; podemos darle vueltas y machacar la almohada enfadándonos con el mundo. Pero nada va a cambiar lo que pasó. Lo que sí podemos es decidir qué hacer con el presente y orientar nuestro futuro. 


Si metemos en un frasco un puñado de arena y después lo llenamos de agua hasta el límite, al principio se mezclarán, el agua se volverá turbia. Si lo movemos con una cuchara crearemos una espiral de arena que intenta subir a la superficie. Pero en cuanto dejamos de mover, la arena vuelve a depositarse en el fondo. Siempre se quedará ahí; aunque irá cambiando el agua a un tono más oscuro. Una y otra vez haremos lo mismo y obtendremos el mismo resultado. Recrearse en algo que no tiene solución es malgastar nuestro tiempo; mejor emplearlo en decidir qué haremos hoy para superarlo. Si algo no funciona, cámbialo. Saca el agua del vaso y ponla en otro distinto donde no haya arena. La verás más limpia y transparente. 


[Img #196312]Escupe las bolas
La posición que ocupes en el medidor de tu bienestar dependerá, en buena medida, de las bolas que tengas en el estómago. Ardores estomacales, reflujos y molestias intestinales aparte, nosotros mismos nos generamos unas bolas de malestar que alimentamos cada vez que acallamos nuestras voces interiores. Existe la peligrosa tendencia de reprimir las emociones, de no expresar los sentimientos, ocultar lo que pensamos, de no manifestar cómo nos encontramos. Y todo aquello que no se comunica y que dejamos en nuestro interior nos va consumiendo; nos va asfixiando. Y ese malestar se traduce en enfados, en mal humor, en tristeza o apatía.


Cuando expresamos nuestras emociones y verbalizamos nuestros sentimientos, estos adquieren una nueva dimensión. Se hacen visibles y, por tanto, más fáciles de entender y controlar, y somos capaces de hacerles frente. Si, por el contrario, acallamos nuestras sensaciones y preocupaciones, vamos alimentando una bola que crece por momentos en nuestro interior. Lo que no se dice nos consume; nos roba tiempo, sueño y días de felicidad.


[Img #196308]Cumple la regla de los 6 minutos y los 30 segundos
24 horas al día no son suficientes; a veces, desearíamos que tuvieran más minutos. Otras veces, en cambio, anhelamos que los segundos pasen rápido y que se acabe pronto el día. En cualquier caso, no se trata de ver pasar el tiempo sino de exprimirlo. Cada día tiene que contar; ni uno más en blanco, ni uno más sin avanzar, sin aprender, sin mejorar, por pequeño que sea ese paso. En ese camino tenemos una guía que nos va a facilitar cómo aprovechar al máximo nuestro tiempo.


Cada mañana al levantarnos vamos a dedicarnos 3 minutos. Antes de levantarte, preparando el café o en el baño. Sólo 3 minutos. Piensa en una frase que te motive, que te dé energía. Si no se te ocurre, deja de ver el Facebook e indaga en un buscador. Positíva-TE. Después, piensa en tres objetivos que quieres cumplir ese día. Y, finalmente, canta -mentalmente o micrófono en mano- la canción que siempre te hace mover la cabeza a su ritmo. Hazlo de verdad. Funciona…

 

Durante tu día, mantén la regla de los 30 segundos. ¿Qué puede pasar en menos de 30 segundos? Que cuentes hasta 10 para no discutir; mirar a alguien y decirle que todo va bien; salir a respirar y mirar el cielo; abrazarte o abrazar a alguien; recordarte en voz alta la frase con la que comenzó tu día; chasquear los dedos para activarte y darte ritmo; correr, saltar… Disfruta de muchos pequeños momentos de menos de 30 segundos en tu día.


A punto de entrar en la recta final, en las últimas supuestas 8 horas de sueño, es el momento de hacer balance. Nos quedan 3 minutos. Repasaremos si los tres objetivos que nos marcamos al inicio del día los hemos cumplido y analizaremos cómo los conseguimos o por qué no pudimos alcanzarlos. Y daremos solución para el día siguiente. Finalmente, tenemos que preguntarnos cómo valoramos las últimas 16 horas y qué pudimos hacer para mejorarlas o sentirnos mejor. Hasta mañana.


[Img #196309]Ponte una capa roja
Ese momento en el que ponemos esa canción, subimos el volumen, nos ponemos delante del espejo, o delante de un público imaginario, dejamos que el cuerpo hable y cantamos… y nos sentimos los reyes del mundo. Sin complejos, sin miedos, sin inseguridades, dejándonos llevar. Cuando nadie nos ve, nos quitamos las cadenas y las ataduras, nos sentimos libres, poderosos.


¿Y por qué no nos sentimos así siempre? Vergüenzas, temores, el qué dirán, el miedo a equivocarse, a lo que opinen los demás, inseguridades… Somos la misma persona pero en contextos diferentes, con situaciones distintas y alrededor gente, mucha gente. Repito gente. A la mayoría no la conocemos, o no la conocemos lo suficiente, La mayoría es gente que no está en nuestra vida, que no forma parte de nuestro círculo. No confundamos a los conocidos con los amigos; a los compañeros con personas de confianza. Esa gente no nos aporta y, por tanto, poco nos tiene que importar lo que opinen y lo que digan. Los que forman parte de tu círculo te querrán y te apoyarán por cómo eres.


Es importante que partamos de esta premisa porque, a menudo, nos autolimitamos y nos encorsetamos si no estamos en ambientes “seguros”. Y esa inseguridad nos impide sentirnos libres. Empodérate, siéntete orgullo de ti, valórate, sabes en qué eres realmente bueno, eres una persona única y eres capaz de lo mejor. Imagínate y ponte una capa roja de superhéroe que te haga sentir ese poder, esa fortaleza, esa valentía, esa seguridad. 

 

Nos gusta disfrazarnos porque, de esta forma, bajo la careta de un personaje podemos ser más libres, sin composturas ni postureos, pero esa es la mayor equivocación. No debes reprimirte sino dejarte fluir. Canta, ríe, baila, grita. Siéntete poderoso, libérate de las cadenas. Eres grande y vas a regalarle al mundo lo mejor de ti. Quien no lo entienda se pierde el regalo. El problema no lo tendrás tú, sino los demás.


[Img #196310]No riegues las piedras
A estas alturas, ya sabemos que el camino principal de la felicidad es la autofelicidad y ésta pasa, inexcusablemente, por al autoconocimiento. Preguntarte y responderte. Valorarte y saber qué te hace especial, por qué eres una persona única y, de esta forma, desarrollar todo tu potencial para pasar de lo que ERES a lo que quieres SER.


Una de las claves para conseguir el éxito en esos objetivos es marcarnos metas que nos encajen. Por mucho que reguemos una piedra, la pongamos al Sol, la animemos e intentemos convencerla de que puede, esa piedra no florecerá. No podemos pedirle algo que va en contra de su propia identidad, pero sí podemos encontrar su valor y convertirlo en su mayor fortaleza.


Podemos coger esa piedra y colocarla cerca de la semilla para, así, contener la tierra donde nacerá nuestra flor actuando de muro de contención contra los envites y, de esta forma, ayudarla a crecer.


Se trata de valorar lo bueno que tenemos, de potenciar lo que nos hace diferentes, lo que nos identifica, basándonos en lo que somos, en lo que nos caracteriza, no en artificios, no en algo que no nos define o no se adecúe a nosotros porque eso nos genera frustración y desengaños.

 

¿Te sientes mejor? Si no lo has conseguido, vuelve al principio y controla el cloroformo, no remuevas la arena, escupe las bolas, aplica la regla de los 6 minutos y los 30 segundos, ponte la capa azul y no riegues las piedras. 

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