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Lorena Martín Montilla
Lunes, 12 febrero 2018 | Leída 67 veces
COACHING EJECUTIVO

¿Cómo hablar de despidos sin perder empleados?

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“En el último trimestre hemos tenido pérdidas del 30%”; “tenemos que hacer recortes en la plantilla”; “no puedo subirte el sueldo”; “tengo que prescindir de tu trabajo”. Éstas son algunas de las frases más temidas no sólo por los empleados de una compañía sino por los propios ejecutivos y cargos directivos. 

[Img #195426]Y es que la peor noticia es dar una mala noticia. La crisis económica y financiera y sus consecuencias para las empresas ha puesto de relieve los errores que cometen los empresarios y los fejes de equipo para comunicar esas malas noticias a los empleados. Es en esos momentos cuando les asaltan preguntas como “¿qué era eso de la inteligencia emocional?”, “¿cómo afronto los despidos sin provocar el pánico en la empresa?”, “¿cómo le digo a un trabajador que vaya a mi despacho sin que salga corriendo?”

 

Las mejores respuestas a estas preguntas no se encuentran en un manual sino en la práctica y en el coaching como mejor aliado.El trasfondo es mejorar la comunicación interpersonal en situaciones hostiles y evitar que una mala noticia desencadene una crisis interna.Siempre hay tiempo para decir las palabras pero no para retirarlas.

 

“La mejor butaca”. La elección del lugar es importante para crear un buen ambiente. Es una comunicación oficial, que se llevará a cabo dentro de la empresa, y la cafetería o la sala de descanso no son buenas opciones. Habilitar un despacho o un salón de reuniones es esencial para mantener a los empleados siempre visibles sin darles la espalda facilitando la comunicación cara a cara. Ese lugar debe ser neutral evitando despachos con nombres y apellidos pero, al mismo tiempo, es importante mantener un ambiente acogedor que, de alguna manera, serene a las personas que allí acudan. 

 

[Img #195427]“La sonrisa del pelícano”. No se le puede decir a un empleado que no cuentas con él con una gran sonrisa. Hay que mantener un comportamiento educado y respetuoso manteniendo un círculo de confianza en el que hablar de forma directa pero empática. Se trata de crear un ambiente cordial, controlar las emociones y no avergonzar al interlocutor. Mejor estar firme y templado que forzar una sonrisa. A la misma vez, como ejecutivos, tenemos que estar preparados para cualquier tipo de reacción y, sea cual sea, tiene que sacar lo mejor de nosotros mismos.

 

“Leer sin saltar capítulos”. Como en toda historia, hay que tener preparado un guion y la mejor forma de comenzar no es un “siento lo que te voy a decir”. Recomendamos ser directo, no comenzar con divagaciones, y explicar el motivo de la conversación, exponer la situación de forma objetiva con datos probados a la misma vez que se recuerdan episodios personales del interlocutor para que se sienta valorado y reconocido por la empresa. Además, se debe reservar un espacio para comunicar los aspectos positivos, los logros en los que el trabajador haya participado, sus cualidades (las mismas que le pueden llevar a brillar en otro puesto de trabajo) y sacar conclusiones que sirvan de mejora para su futuro proyecto laboral.

 

[Img #195428]“El espejo de Alicia”.  Tratar de imaginar cómo se siente el interlocutor no es una tarea fácil pero sí necesaria. Un buen recurso para empatizar con los empleados es pensar cómo nos gustaría a nosotros que nos informaran y, sobre todo, qué tipo de ayuda necesitaríamos. Frases sencillas y que muestren al mismo tiempo comprensión y firmeza, dando recomendaciones y consejos que faciliten el tránsito de nuestro interlocutor quien, en ese momento, experimenta un irrefrenable salto al vacío. Lo que pueda hacer el ejecutivo, lo que esté en su mano para ayudar debe reflejarse en la conversación siempre sin falsas promesas ni futuros idealizados. 

 

En estos momentos, el representante de la empresa debe recordar ser humilde, reconocer sus limitaciones y preguntar. Se trata de reconocer los fallos en esa relación ejecutivo-empleado-empresa y asumir la responsabilidad de cada uno de los integrantes en ella. No podemos evitar dar esa mala noticia pero sí podemos comunicarla de la mejor manera posible ayudando a los demás a asumirla e integrarla en su vida profesional y personal. Es una responsabilidad directa del ejecutivo quien, más allá de la cuenta de resultados, tiene que saber gestionar personas y darles una expectativa que les permita continuar, aunque no sea compartiendo el mismo camino. Nuestra mano puede ser su guía, su acompañante, en esos primeros pasos que vayan dejando atrásla empresa.

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