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Javier Berrio
Lunes, 27 noviembre 2017 | Leída 56 veces

La rueda infinita (I)

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Por mucho que se pretenda lo contrario, las llamadas izquierdas y las denominadas derechas, por muy moderadas o radicales que se puedan presentar cada una de ellas, pertenecen al mismo sistema de cosas. Un procedimiento estructural perverso, basado hoy en el poderío de las finanzas por encima de la felicidad de las personas y que comenzó con la globalización, haciendo tabla rasa de las diferentes necesidades de cada cual, da lo mismo que se tratase de individuos, de grupos sociales o de naciones enteras.

Un régimen absoluto que consiste en la idea de que los asientos contables representan tales o cuales cantidades de dinero sin que exista la menor prueba de que ese dinero está realmente en algún lugar. Así, todo es especulación e hipnotismo llevado a cabo sobre el conjunto de los ciudadanos del mundo aprovechando su credulidad y necesidad de creer en que algo mejor es posible con las mismas recetas caducas. Sin embargo, la persona queda comprometida a la devolución de sus cantidades comprometidas y al pago de impuestos no siempre justificados ni gastados en lo realmente necesario, quedando el sujeto, por lo tanto, como siervo de intereses muy superiores al de los propios estados y cuya naturaleza se me escapa.


En el caso occidental y de las democracias formales, el juego es relativamente simple: la alternancia en el poder de diferentes grupos ideológicos sin que las condiciones de fondo varíen. Y esto es así porque cualquiera de esos grupos está a disposición de los fines superiores de los que he hablado más arriba. Cuando aparecen pretendidas alternativas de cambio, a la derecha en unos casos y a la izquierda en otros, sus respectivas opciones de gobierno están amarradas por las constituciones, leyes electorales y por la presión insoslayable de los grupos reales de poder, los llamados mercados o clubes de control económico que trascienden absolutamente lo nacional o estatal. Grecia es prueba de ello y en España, Podemos y sus afines de IU, formulando promesas programáticas y electorales imposibles de llevar a cabo dentro del sistema, algo que ellos conocen sobradamente. Tales circunstancias, conducen al electorado a una nueva frustración, lo que posteriormente tratará de solventar  dicho electorado volviendo al voto anterior.

 

Cualquier pretensión de variar la realidad actual dentro del sistema del que venimos hablando, es inútil pero los ciudadanos son embaucados en la idea contraria sin que nadie le diga al votante que por mucho que cambie su sentido del voto, lo único que habrá hecho es dar otra vuelta en la rueda del hamster y subir o bajar otro escalón en la Escalera de Escher, lo que, en la práctica, lleva al inmovilismo porque, creyendo avanzar, nada se ha movido ni un ápice del mismo lugar en el que se encontraba.

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