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Lorena Martín Montilla
Lunes, 20 noviembre 2017 | Leída 76 veces
COACHING EJECUTIVO Y EMPRESARIAL

'Líder-ate'

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¿Eres jefe o eres líder? ¿Eres el que ordena o el que baja a la arena? ¿Tienes empleados o tienes equipo? ¿Creas tensiones o inspiras confianza? ¿Persigues objetivos o persigues éxitos? ¿Controlas o aconsejas?
En el mundo empresarial, el de las organizaciones o el de las instituciones, el trabajo se organiza en función de una jerarquía; puestos que se acomodan en un organigrama para garantizar que todo encaje.

[Img #189952]Pero realmente no son las normas dictadas, los manuales de empleados, de Responsabilidad Social Corporativa, de organización o de misión y valores lo que hace que una empresa funcione. Lo que garantiza el éxito es el capital humano; un grupo de personas que necesita un guía, un referente que los convierta en equipo. Y esa figura es el líder.


Un líder no es un jefe; es uno más en ese equipo. Motiva, implica, comparte sus éxitos, trabaja al lado de sus compañeros y no desde un despacho, concentra su esfuerzo en los valores, las actitudes y el compromiso, y tiene una visión amplia y transversal de lo que debe ser su empresa. No ordena simplemente; el líder explica, convence, escucha. No se centra en las normas sino en las estrategias conjuntas. Y tan importante es el resultado como el camino que se ha seguido para conseguirlo. Ese es el líder; esas son sus actitudes y ese es su modelo de trabajo. Pero para convertirse en referente, antes de liderar a un equipo es necesario que se lidere a sí mismo.


Para pasar de ser jefe a ser líder el primer paso es autoexplorarse, hacer autocrítica y saber cuáles son los puntos fuertes. No podemos crear esa figura de referencia en nuestra empresa partiendo de un concepto equivocado o potenciando rasgos de personalidad que no nos definen. Todos los líderes tienen cualidades comunes pero es un error creer que todos tienen que tener el mismo perfil. Nuestra imagen como guía del equipo tiene que ser una prolongación de la propia persona; una extensión de lo que somos en realidad aplicado al ámbito empresarial.


La imagen que creamos es el resultado de un proceso de conocimiento propio en el que tomamos consciencia de esas habilidades y esas cualidades; definimos aquello que nos hace exclusivos, lo que hacemos realmente bien y lo potenciamos para definir la personalidad del futuro líder. No podemos gestionar equipos con una imagen falsa, con apariencias artificiales porque al final máscaras acaban cayendo, el maquillaje se diluye y, en ese momento, perdemos lo más importante: la confianza.


[Img #189951]Para ello necesitamos una escucha activa, tenemos que conocernos y descubrir nuevos talentos, nuevos caminos a través de preguntas clave que activen nuestros mecanismos de la motivación y del empoderamiento. Porque sólo quien se conoce, se valora y confía en sí mismo puede ser un líder, valorando y confiando en los demás. Esa figura busca el talento en cada uno de sus compañeros; y sabe hacerlo porque antes lo hace consigo. El coaching precisamente ayuda al ejecutivo, al empresario en este camino convirtiéndolo en una experiencia transformadora. Resolver conflictos, definir estrategias, conducir una negociación, gestionar equipos, mejorar resultados; todo tiene un eje común que pasa, inexorablemente, por ese empoderamiento, por valorarse a uno mismo y valorar a los demás. Como dice el escritor estadounidense especialista en gestión empresarial, Tom Peters, los líderes no crean seguidores, crean más líderes.


El crecimiento personal y profesional deben ir de la mano. No podemos desvincular el YO PERSONAL del YO EJECUTIVO. Se trata de integrarnos y adaptarnos a ese entorno. Ese es el primer paso para convertirnos en el YO LÍDER que consiga las metas que se proponga. Hablamos de generar confianza y, así, lograr influencia en nuestro entorno, entendiendo esa influencia de forma positiva; no como adoctrinamiento o imposición sino como una adhesión a ideas y proyectos que marcarán el camino del éxito común. Se trata de saber actuar ante presiones o entornos hostiles; de controlar situaciones de estrés laboral; identificar la manipulación; movilizar a los demás; tener capacidad de convencimiento y persuasión.


El coaching ayuda al ejecutivo precisamente a descubrir el camino y compartirlo, a enseñarlo a los demás. Le sirve de soporte para crecerse, cambiar, hacerse mejor y, así, engrandecer también a las personas que tiene a su alrededor. Saber gestionar las crisis para convertirlas en oportunidad. Aprender de uno mismo y de su entorno. Ser alguien que inspire a los demás, impulsándolos a soñar, brindando la oportunidad de crecer y de aprender tras las equivocaciones. Porque la clave del éxito no es de una persona sino de un equipo, de la suma de talentos que siguen al líder no por obligación sino por convencimiento. Se trata de sacar lo mejor de cada uno de nosotros. El líder aplica siempre esa lección: hacer más grandes a los que le rodean.

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1 Comentario
Fecha: Lunes, 20 noviembre 2017 a las 15:14
juanma
Buen articulo....

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