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Javier Berrio
Sábado, 12 agosto 2017 | Leída 292 veces

El manipulador

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Al emplear el masculino en este artículo, lo hago con la pretensión de la lengua española de hacerlo genérico. Afortunadamente, no me veo forzado por lo políticamente correcto ni por la perversión del lenguaje.

Aclarado este punto, entro en detalle sin enjuiciar a persona alguna, pero entendiendo que la manipulación es un mal –casi un trastorno de personalidad, diría-,  que ha perseguido a muchos sujetos, tanto al que actúa como al que padece las graves consecuencias que devienen de ese comportamiento.

 

El que manipula distorsiona la verdad respecto de algo o de alguien. Es, pues, básicamente un mentiroso. Sus mentiras pueden consistir tanto en inventar,  contar las cosas a su manera -viciando la realidad-, o exagerando hasta el paroxismo algún detalle de la persona a la que quiere convertir en no deseable. El objeto de hacer esto es lograr la aquiescencia de aquellos a los que manipula para que hagan causa común con su idea y matar socialmente a su sacrificado. Es lo que habitualmente vemos en el funcionamiento interno de partidos políticos y sindicatos, pero también en el mundo del trabajo y, cómo no, en la vida cotidiana, como queda dicho.

 

El manipulador, que es alguien que no quiere ver su posición de centro de atención amenazada, suele convertirse en víctima y elije su victimario. No es raro que sea de lágrima fácil e inventor de cuantos agravios inexistentes pueda imaginar. Por supuesto, será un personaje que dedicará todos sus esfuerzos para hacerse imprescindible en el escenario de manipulación aunque sus esfuerzos sean recordados de vez en cuando para hacer ver al beneficiado cuántos sacrificios está realizando por él. El CIE-10, 1993, tanto de sí mismo como del DSM-IV, añade a los criterios diagnósticos del Trastorno Histriónico de personalidad (THP), rasgos como el egocentrismo y el anhelo de ser apreciados (características ya mencionadas del manipulador), la autoindulgencia, sentimientos de ser fácilmente heridos (lágrima fácil, mencionado más arriba) y conductas manipulativas constantes para satisfacer las propias necesidades. Así, muchos manipuladores podrían padecer este trastorno sin haber sido diagnosticados o comparten rasgos importantes con el mismo. Por cierto que, ya que no soy ni psicólogo ni psiquiatra, estas observaciones provienen de mis lecturas y no tienen más autoridad que la de mi propia apreciación.

 

El manipulador, ya que mentiroso, oculta cosas de su vida (adicciones, compras compulsivas, derroches económicos, etc.), parara no ser hallado en el renuncio de acusar a otros de lo que hay en él. En este sentido, recuerdo cómo funciona el ego: proyecta su sentido de culpa inconsciente en otro, lo percibe allí y lo endosa a aquel que es su espejo. Acusa al otro de rasgos que en realidad están en él. Por ejemplo, puede ver en el otro egocentrismo o ausencia de valía  personal cuando en realidad están entre sus sombras. Para conseguir sus fines, el manipulador chantajea a su entorno, bien sutilmente bien de forma abrupta, recordado, por ejemplo, que sus favores podrían desaparecer si tal o cual persona, a la que ya ha destruido, es vuelta a ser aceptada en el ámbito al que ha sometido.

 

En fin, si escribo esto es porque puede que muchos hayamos sido víctimas de estos personajes y para que nos mantengamos alerta de una de las formas más destructivas en las que podemos caer de manos de individuos en principio encantadores, pero que solo buscan su bienestar personal a costa de terceros.

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