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Bernardo Romero
Domingo, 16 julio 2017 | Leída 172 veces
FESTIVAL DE NIEBLA > 'la judía de toledo'

Cada cual es cada cual

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Suponemos que intenta llevar Laila Ripoll al espectador a una conclusión evidente y harto conocida, la de que en todo tiempo hemos actuado con los mismos principios morales, aunque eso sí, supeditados a los impulsos más primarios de la naturaleza humana.

Para llegar a ofrecer esta conclusión, si es que fue esta su intención, la directora se vale de distintos momentos históricos que es conveniente que el espectador conozca solo de pasada, pues en caso contrario la función quedaría en exceso atrabiliaria y poco creíble, podríamos llegar a decir que hasta chocante. Por un lado aparece [Img #181775]Alfonso VIII, rey victorioso en las Navas de Tolosa, como es sabido uno de los saltos cualitativos y cuantitativos más importantes en el largo proceso de recuperación del territorio perdido tras la incursión musulmana y el posterior dominio militar y económico de buena parte de la península. Por otro está la leyenda urdida más que pergeñada alrededor del citado rey e invocada siglos después, en pleno barroco –las disquisiciones sobre el amor y la muerte en la obra son además de hermosas, puramente barrocas- por Lope de Vega en una de sus obras menores, del mismo nombre y de las que debió escribir a vuela pluma –arte nutricio que se llama-, la que ha versionado ahora, en el siglo XXI esta directora teatral de tan brillante carrera.

 

Y con difícil casamiento con todo lo anterior, un vestuario vintage por llamar de alguna manera al batiburrillo de vestuario que va desde los años siguientes a la guerra civil española de la primera mitad del siglo pasado, hasta la llegada de las suecas y el bikini que tan bien describieran artistazos como Paco Martínez Soria o López Vázquez en un sinfín de películas impagables. Como es natural, todo esto no tiene más remedio que resultar deslavazado y confuso, aunque sorprendentemente la obra se deja ver y hasta entretiene. Hay mucho teatro detrás. Actores, técnicos y directora: hay mucho teatro detrás.

 

En todo caso preocupante el ritmo lineal impuesto desde el principio de la función, interrumpido por el griterío que se imponía de vez en cuando sobre las tablas y que los micrófonos de ambiente amplificaban justo hasta lo humanamente soportable, pero una escenografía muy inteligentemente iluminada que permitían crear distintos ambientes y atmósferas por donde los actores cumplían cómo podían con un texto a nuestro entender no [Img #181774]demasiado brillante. Aunque a veces los actores no cumplieran todo lo bien que se pudiera desear, con interrupciones y hasta algún titubeo, con un exceso de histrionismo o con acentos que se iban diluyendo a medida que avanzaba la función. Tampoco era demasiado necesario hacer guiño alguno ni a Mcbeth ni a todo lo que parió Shakespeare, un ilusionista de categoría a la hora de entender y escudriñar el alma humana, sus pasiones y sus miserias, por mucho que en La Judía de Toledo afloren las mismas líneas por las que la humanidad se lleva moviendo desde que el mundo es mundo como si tal cosa. Lope es Lope y el otro es el otro. A cada cual se le puede sacar lo que se le puede sacar. Mejor, en estos asuntos, no mezclar.

 

Nos quedamos, para ir terminando, con que la función nos resultó hasta corta, con que los actores se lo curraron y que escenografía e iluminación nos gustaron bastante. De lo de la música, mejor no hablar. O se compran otro pick up o cualquier día de estos la van a tener. Pero a pesar de algunos pequeños errores y con alguna desazón en ese ritmo demasiado lineal, con una cosa y con la otra, el caso es que la función transcurrió entretenida y veloz. Entre todo esto y que las nuevas sillas colocadas en el patio de butacas son mucho más cómodas que las anteriores, pasamos un fugaz y buen rato de teatro.

 

LA JUDÍA DE TOLEDO, de Lope de Vega. Versión y dirección: Laila Ripoll. Iluminación: Luís Perdiguero. Escenografía: Arturo Martín Burgos. Vestuario: Almudena Rodríguez Huertas. Música: Mariano Marín. Reparto: Manuel Agrediano, Federico Aguado, Teresa Espejo, Marcos León, Jorge Varadela, Ana Varela, Mariano Llorente, y Elisabet Altube.

 

Patio de armas del castillo de los Guzmán. Niebla. Aforo: 980 localidades (Más de media entrada, esto no termina de arrancar); 15 de julio, 2017.

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1 Comentario
Fecha: Domingo, 16 julio 2017 a las 16:27
José
Estoy de acuerdo en casi todo, pero había bastante más de media entrada. El aforo es de 900 y habíamos algo más de 800 solamente estaba libre algunas sillas en las dos esquinas de arriba. Y son incómodas por cierto.
El sonido fatal.
Algo caro unas entradas que costaron por internet 15 euros de la fila uno a la once, y 20 euros de la 11 a la 26 más gastos de tramitación.
En otros puntos de la geografía española es más económico.
Muy pesados los actores llegando a salir a saludar hasta en 5 ocasiones para arrancar los aplausos del público. Mucha gente no tocó las palmas.
He visto muchas obras de teatro en el castillo de Niebla, y a esta le doy un aprobado por los pelos.

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