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huelva24.com
Martes, 27 junio 2017 | Leída 96 veces
carta al director

El tesoro escondido

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Pasear por la calle aquel atardecer resultaba extraño. El aire era amarillo, de ese color que le da un aspecto de fotos antiguas a las vivencias de la ciudad. Pero en las fotos no sale cómo el viento mueve las ramas con la violencia del temor de una abuela que tiene la ropa tendida, haciendo que una acera desierta parezca perdida sin notar en sus entrañas el temblor de los pasos de las personas que se posan en ella.

El sol, sin nosotros saberlo, se escondió por vergüenza, pero tras él quedó el mismo amarillo de las bombillas incandescentes. Y el mismo grito mudo del aire pidiendo auxilio sin que nadie lo oyera. Mirando al cielo, volví a casa. Tú quizás ni te fijaste, pero la luna apenas estaba de guardia. En la ciudad, la luz convierte en tizón el tesoro de la noche.

 

[Img #180578]Yo derramé una emoción el primer día que viví el cielo en su esplendor: perfecta armonía de joyas robadas por la luz mortífera para no existir. Infinito punto de retorno a mi felicidad más íntima. Instante, sin embargo, rendido a la monotonía cegadora del vivir.

 

Ha pasado demasiado tiempo desde que pedí mi último deseo.


Me paro, porque miro alrededor y ya no escucho nada. El viento, cansado de gemir, se asfixia y trato en un intento desesperado de ver mis estrellas que una nube densa tapa el cielo y que ya no volverá a ser igual.
Más allá del río, la luz se ha cansado de robar en silencio. Violenta y feroz, el incandescente crepitar de su impío ser no deja suelo sin teñir. La luz, cansada del cielo, se vino a quitar el tesoro al paraíso y nosotros, cegados como estábamos, solo vemos ahora negro. Como el cielo.


Como la nada.


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Ha pasado demasiado tiempo desde que pisé Doñana. Y ahora que no es igual, siento lo poco dichoso que me he sentido teniéndolo tan cerca. Ahora que he abierto los ojos deseo, estrella de mi cielo, que no me vuelvan a deslumbrar.

 

Alfonso Moreno.

 

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